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La Princesa romance Capítulo 423

Beatriz observaba a Vanesa. La mirada de la otra era limpia, transparente, cargada de una dulzura confiada. Nada que ver con la suya, siempre esquiva, incapaz de sostenerle la vista a alguien.

—La tiendita está justo cerca de la sala de reuniones, ¿vamos juntas? —preguntó Vanesa con tono casual.

Su voz sonaba suave, pero nada forzada. Más bien lo decía como quien comenta el clima, sin darle demasiada importancia.

Beatriz asintió y siguió a Vanesa fuera del baño. En el pasillo, varias personas pasaban platicando y riendo con sus amigos, lo que hacía que el silencio entre ellas dos se sintiera todavía más raro, casi incómodo.

Beatriz mantenía la cabeza gacha, jugueteando con la orilla de su blusa, como si estuviera atrapada en sus propios pensamientos.

—Vane, ¿cuánto costó tu ropa? —se animó a preguntar, tragando saliva y apretando los puños.

Vanesa le echó una mirada rápida, para luego volver la vista al frente. Beatriz no se dio cuenta, seguía con los ojos clavados al piso.

—Tres millones de pesos, más o menos —respondió Vanesa sin rodeos.

—Mi familia tal vez nunca junte tanto dinero en la vida —aventó Beatriz, acompañando sus palabras con una mueca que intentaba ser sonrisa.

—Muchas personas jamás van a ver ese dinero, ¿y qué? ¿Por qué medir todo con eso? —Vanesa lo soltó como quien dice algo obvio.

—Cada quien tiene su forma de gastar, y para cada quien el lujo significa algo distinto. Cuando no te fijas en las marcas, da igual si una blusa cuesta veinte, doscientos o dos mil pesos. Pero cuando empiezas a pensar en eso, terminas calculando cuántas comidas podrías pagar con ese dinero, o cuánta ropa buena y barata podrías comprar en vez de una sola prenda cara.

Beatriz sintió que le habían leído la mente. Bajó más la cabeza, sin atreverse a decir una sola palabra, perdida en sus pensamientos. Caminaba casi en automático, hasta que Vanesa la jaló de repente.

Beatriz pegó un brinco, y al levantar la vista, se dio cuenta de que casi se estampaba contra un bote de basura. Vanesa soltó su mano, pero siguió hablando.

—Te la pasas calculando el precio, pero nunca vas a poder ponerle un valor real. Al final, eso solo se convierte en un peso más que te cargas tú sola.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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