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La Princesa romance Capítulo 480

Vanesa parecía agotada, pero su respiración tranquila y suave daba un poco de alivio a quienes la miraban.

David tomó la mano de Vanesa y la acercó a su mejilla.

—Yo también te amo mucho. Gracias por volver, gracias por despertar, Vane.

En ese momento, David se veía más vulnerable que nunca. Nadie que lo viera así habría creído que era el mismo joven de dieciséis años que, con una determinación implacable, había salvado al Grupo Lobos de la quiebra. Apenas pasaba de los veinte, había logrado mucho, sí, pero también había perdido a las personas más importantes de su vida. Ya no podía soportar otra pérdida. No más.

Pasaron tres días más y por fin la salud de Vanesa se estabilizó. Aún tenía una leve conmoción cerebral y el brazo fracturado, así que le esperaban semanas de reposo y rehabilitación. Pero, después de todo lo que había pasado, el simple hecho de despertar ya era un milagro. Todo lo demás podía esperar.

Ese era el pensamiento que todos compartían.

El día en que Vanesa despertó fue el día en que la arrebataron de las puertas de la muerte.

Según Irma, esa jornada fue la peor pesadilla de todos. El corazón de Vanesa de repente comenzó a fallar y tuvieron que luchar por su vida durante un día y una noche enteros. Nadie se atrevió a dormir, todos se quedaron afuera del quirófano, esperando y rezando. Incluso los curiosos del hospital se acercaron, pensando que adentro debía estar alguna celebridad o personaje importante.

Finalmente, Esteban pidió a los guardias de seguridad que despejaran la zona. Mientras tanto, David, como si hubiera perdido su espíritu, se recargó contra la pared y no respondió a nadie que intentó hablarle. Su actitud no solo causaba compasión, sino un miedo profundo a lo que podía llegar a hacer.

Nadie dudaba que, si Vanesa no sobrevivía, David sería capaz de cualquier cosa, incluso de hacerse daño a sí mismo.

Por suerte, todo eso quedó atrás.

Irma acercó una cuchara de sopa de cebolla a los labios de Vanesa. Ella, todavía atrapada en los recuerdos de Irma, abrió la boca de forma automática.

—Vane, prométeme que ya no vas a asustar a tu mamá así, ¿sí?

Al recordar a Vanesa llena de tubos siendo llevada al quirófano, a Irma se le humedecieron los ojos y la mano le tembló tanto que casi se le cae la cuchara.

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