Entrar Via

La Princesa romance Capítulo 282

—Qué bueno que regresaste, así no te perdiste la graduación ni el cumple de Vane.

—Más allá de eso, lo importante es que estés bien. No nos vuelvas a asustar así, ¿sí? —agregó Sabrina con una mezcla de alivio y regaño.

—Eso, eso —secundó Estrella, dándole un golpecito en el hombro a Vanesa—. Pero bueno, ustedes dos ya están bien, además van al mismo colegio.

—Bueno, tú tampoco vives tan lejos, solo son dos calles más allá.

Estrella soltó una risita traviesa.

—Pero igual no estamos en la misma escuela. Si quiero ir a verlas, me toca cruzar esas dos calles.

Sabrina y Vanesa se miraron, compartiendo una sonrisa resignada.

Mientras las tres platicaban de todo y nada, la gente se acercaba de vez en cuando a felicitar a Vanesa. Ella respondía a cada uno con una sonrisa genuina, sin mostrar ni un poquito de fastidio.

El sol empezó a esconderse, tiñendo el cielo de tonos naranjas hasta que la noche se fue adueñando de todo.

—Bueno, nos vamos yendo. Los regalos los abres después, ¿eh? —dijo Estrella, despidiéndose junto con los demás del salón.

David y Vanesa se quedaron de pie, viendo cómo poco a poco los grupos se iban dispersando.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Vanesa, buscando la mirada de David. Él, nervioso, evitaba mirarla de frente.

—¿Te... te gustaría ver los fuegos artificiales? —David se rascó la nariz, jugueteando con sus uñas, tan nervioso que parecía que se le iba a salir el corazón del pecho.

Justo cuando terminó de hablar, el cielo se iluminó con explosiones de colores. Fuegos artificiales estallaron uno tras otro, pintando la noche con destellos fugaces.

Los ojos de Vanesa brillaron con las luces del cielo. Sonreía de oreja a oreja, sin poder ocultar la emoción.

—¿Te gustaría cambiar de papel? —David apretó los labios. Había ensayado esa frase mil veces en su cabeza, pero ahora que llegaba el momento, las palabras se le amontonaban.

—¿Cómo? —Vanesa preguntó, pero en sus ojos no había ni rastro de confusión. Más bien, resplandecían, fijos en el rostro sonrojado de David, quien parecía a punto de explotar.

David, siempre tan directo y decidido, ahora se veía más inocente que nunca, como cualquier chico de su edad enamorado por primera vez.

—¿Te gustaría ser mi novia?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Princesa