Jacinta Montemayor levantó la cabeza de golpe, completamente sorprendida por las palabras de Matías. No esperaba que él dijera algo así.
—Señor, su bebida ya está lista.
En ese momento, Jazmín tocó la puerta del estudio y entró con la bebida preparada. La dejó cuidadosamente sobre la mesa y se retiró en silencio. Jacinta se quedó parada, sin saber qué decir ni cómo reaccionar.
—Yo… Vanesa… bueno, después de todo, lleva dos años estudiando con los demás, es natural que tenga mejor relación con sus compañeros —buscó una excusa, incluso olvidando cómo debía dirigirse a Matías.
—¿Así que, como no logras superarla, solo te queda desquitarte con quienes consideras por debajo de ti?
—Pe… perdón —Jacinta se disculpó de forma automática, bajando la mirada. No pudo ver la decepción que brilló en los ojos de Matías.
—¿Perdón por qué? —Matías la miraba fijo, emanando una autoridad que no necesitaba de gritos. Era como si mirara a un empleado, sin el mínimo rastro de cariño entre padre e hija.
—No debí sacar mis frustraciones con las empleadas solo porque en la escuela me fue mal —murmuró Jacinta, manteniendo la cabeza agachada para ocultar la rabia y humillación que sentía.
—¡Error!
Jacinta no entendía, pero tampoco se atrevía a replicar. Matías se levantó de su silla y se acercó. Ella, cada vez más nerviosa, solo atinó a mirar los zapatos de su papá, incapaz de alzar la vista.
—Mírame.
Un escalofrío le recorrió la espalda, pero obedeció y, poco a poco, levantó la cabeza hasta toparse con la mirada de Matías. Sus ojos intentaban huir, pero quedó atrapada en esa mirada dura, tan tranquila y vacía que le recordaba a un lago sin olas, donde nada podía perturbar la calma.
—Puedes aprovecharte de las empleadas si quieres, pero jamás permitas que te atrapen. Si quieres tener un lugar en tu clase, ve y gánatelo. Usa dinero, contactos, lo que sea. Haz que la gente te apoye, conviértelos en tus aliados. No me importa cómo lo logres, solo quiero resultados.
Jacinta lo miró, incrédula, pero Matías solo la observaba con frialdad, sin una pizca de compasión.


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