—Si te interesan esas propiedades, cuando logres curarme te daré todo eso y mucho más. Te aseguro que será el doble de lo que le entregué a Ricardo.
—Y sin importar el resultado de tu tratamiento, prometo darte tu libertad. Jamás te obligaría a quedarte atrapada en la familia De la Riva.
Para él, lo que ya había entregado era agua pasada. No le importaba el dinero en lo absoluto.
¡Si ella realmente lograba salvarle las piernas, esas migajas no significaban nada!
Serena negó rotundamente con la cabeza: —No entiendes. Simplemente no soporto la idea de que Ricardo se salga con la suya. Un miserable como él no se merece ni las sobras.
—Además, me engañó para que viniera aquí. Me prometió que me daría las cosas de mi madre, pero no cumplió y hasta se robó lo más valioso. ¿Cómo voy a permitir que disfrute del dinero? Eso sería una falta de respeto hacia mí misma.
Aunque venir a la mansión había sido su propia decisión con el fin de recuperar los recuerdos de su madre, el hecho seguía siendo el mismo.
Ricardo no le había contado que el trato era para ser una novia de sanación, ni mucho menos que a Jaime le quedaba poco tiempo de vida.
¡Eso era una traición pura y dura!
Si ella no fuera capaz de curar las piernas, Jaime habría muerto y ella terminaría siendo una viuda a los pocos meses.
Seguramente Ricardo planeaba usar el collar y las cenizas para seguir extorsionándola una vez que quedara viuda y heredara.
¡Pues que se fuera al infierno! ¡No dejaría que obtuviera ni un solo peso!
Al ver su inquebrantable determinación, Jaime cedió: —De acuerdo, lo haremos a tu manera. Lo dejaremos sin un centavo. Cuando recupere todo, te lo entregaré directamente a ti.
Jaime, un hombre que jamás daba su brazo a torcer, de repente sintió el extraño impulso de concederle el capricho.
Satisfecha, Serena sonrió: —Perfecto. Ahora que todo está claro y estamos de acuerdo, nuestro trato es oficial.
—A partir de mañana comenzaré con tu tratamiento. Hoy necesito salir a comprar unas cosas, así que voy a necesitar un auto.
No tenía la más mínima intención de encubrir a Ricardo. Jamás permitiría ser arrastrada ciegamente a un matrimonio arreglado.
Además, la familia De la Riva era un respaldo gigantesco, mil veces más confiable que Ricardo.

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