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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 107

Octavio sacó su celular y marcó el número de Cristina.

Pero lo único que escuchó fue la voz grabada y mecánica de una operadora: “El número que marcó no existe…”

Se quedó congelado por un momento.

La abuela soltó una risa sarcástica.

—¿Cuánto tiempo llevas sin llamarle? Ni te enteraste que cambió de número, ¿verdad?

Octavio bajó el celular, su expresión no se alteró ni un poco.

—Tomaré en cuenta lo que dice, abuela.

—Mañana tienes junta con la directiva, tendrás que lidiar con la actitud de los accionistas, el valor de las acciones, los socios… Vas a estar ocupado. Ponte de pie, lo más importante ahora es recuperar el prestigio de la familia Lozano.

Octavio se levantó de inmediato y dio media vuelta para salir.

Natalia lo detuvo con voz firme.

—¿Y qué piensas hacer con esa mujer?

—Me encargaré de eso, lo prometo —respondió Octavio, sin voltear.

La abuela frunció el ceño, molesta.

—¿A estas alturas todavía no la puedes soltar? ¿No me digas que de verdad pasó algo entre ustedes?

—Abuela —la voz de Octavio se volvió cortante—, nunca la toqué. Y sobre lo demás… mejor no pregunte.

Sin esperar respuesta, se marchó dando zancadas largas.

Darío se acercó en voz baja.

—Jamás imaginé que la señora fuera tan dura.

Natalia se rio apenas.

—Todavía le falta para parecerse a mí cuando era joven… aunque, si decide regresar, quizá tenga arreglo.

Darío captó el doble sentido en las palabras de la abuela.

—¿No está probando la actitud del señor?

La anciana miró hacia donde Octavio se había ido y soltó un suspiro.

—Si Cristina lo quiere, será un impulso para su futuro; pero si no, terminará siendo un obstáculo. La verdad, preferiría que él pudiera ser más firme.

De repente, como si recordara algo importante, su tono se endureció.

—Darío, hazme un favor.

...

Octavio regresó al Residencial Bahía Platina.

Valeria seguía despierta.

En el cuarto de triques, Octavio encontró la foto, cortada por la mitad. Su mirada se volvió helada.

—La señora se llevó todo lo que le importaba. Lo que quedó, me pidió que lo quemara si ella se iba para siempre.

Octavio apretó la mandíbula, conteniendo la furia.

—¿Cree que quemándolo se termina todo? Qué fácil lo ve…

...

A la mañana siguiente, Cristina preparó el desayuno en su nuevo hogar. También le sirvió una porción a Ángela.

Por fin le habían entregado el análisis de los restos de la batería que sacó del sitio de la explosión.

Ahora el siguiente paso era averiguar de qué laboratorio provenía esa batería.

Ángela, siempre dispuesta a ayudar, le ofreció mover contactos para averiguar algo.

El escándalo de la familia Lozano que ayer llenaba todas las redes, hoy había desaparecido por completo del internet.

Cristina no pudo evitar sentirse impresionada por la habilidad de Octavio para manejar la crisis.

Aunque ya no se veían rastros en línea, la verdad era que el chisme de los hermanastros de la familia Lozano seguía corriendo de boca en boca entre vecinos y conocidos.

Al mediodía, Cristina no fue a comer al Dinámica Suprema. En cambio, se dirigió al refugio comunitario de gatos callejeros.

Allí comprobó que Óscar, el joven al que le había dado dinero la última vez, había entregado cada peso al refugio tal como prometió. Eso le dio tranquilidad.

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