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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 119

Ella lo que quería era clavarle una espina directa al corazón de Cristina.

Pero Cristina, con cara de fastidio, se tapó la nariz.

—¿No hueles algo raro en ti?

Marisol se quedó confundida.

—Me acabo de bañar.

Cristina soltó una sonrisa apenas perceptible.

—Hueles a podrido. Tu mamá debe estar más que acostumbrada a ese olor.

Marisol se enfureció.

—Mi madre es mayor que tú, ¿no tienes educación?

Cristina respondió con la calma de siempre.

—Ya estoy por divorciarme de Octavio, así que tu mamá no pinta nada aquí. ¿Y tú? Producto de unos pantalones mal puestos, ¿con qué derecho vienes a hablarme así?

Marisol nunca había escuchado a Cristina hablar con tanta maldad.

—Llevo diez años con mi hermano, soy su mujer desde hace mucho. Si alguien está sobrando aquí, esa eres tú. Deberías guardarte esas palabras para ti.

—Diez años y sigues sin saber lo que es tener el lugar que te corresponde. Se nota que tu mamá solo te enseñó a buscar atajos.

Mientras decía eso, Cristina agarró el banquito frente al tocador y se lo lanzó.

Marisol logró esquivarlo y el banquito fue a dar de lleno contra la ventana, haciéndola trizas.

El estruendo alertó a Octavio.

Al entrar, vio a Cristina sujetando a Marisol contra la mesa, propinándole dos bofetadas.

—Hermano...

Marisol, al verlo, rompió en llanto.

Octavio mantuvo la mirada impasible hacia Cristina.

—¿Con una comida ya recuperaste las fuerzas?

Cristina soltó a Marisol y miró su propia mano con desagrado.

—Si insistes en traerla a provocarme, ¿no era justo esto lo que buscabas?

Octavio le hizo una señal a Marisol para que saliera.

Marisol, limpiándose las lágrimas, se dirigió a la puerta.

—¡Detente! —ordenó Cristina.

—¿Ahora qué quieres? —Marisol sollozó.

Cristina sonrió con frialdad.

—Prefiero regalarle mi ropa a un perro para que la use de trapo antes que verte vestida con mis cosas. ¡Quítate eso!

Los ojos de Marisol se llenaron otra vez de lágrimas. No era una actuación; las palabras de Cristina la habían herido de verdad.

Cristina miró el sitio donde había quedado una pila de hojas tamaño carta. Tal como sospechaba, faltaba una página.

Marisol no solo era buena para armar líos; hasta cuando recibía golpes, encontraba la forma de sacar provecho.

...

Octavio volvió a su despacho. Marisol ya lo esperaba.

—Hermano, encontré esto en el cuarto de Cristina.

Era una hoja tamaño carta, con un croquis mal hecho del terreno de la casa, y varios puntos señalados.

—Hermano, Cristina armó el pleito conmigo para romper la ventana. Seguro planea escaparse por ahí en la madrugada, cuando nadie la vea.

Octavio no contestó.

En ese momento, Marco entró con prisa.

—Señor Lozano, tenemos problemas.

Octavio lo miró con atención.

Marco se acercó y bajó la voz.

—Esta mañana, un bloguero subió un video preguntando “¿Dónde está la señora Lozano?”, y en menos de una hora ya era tendencia. Por suerte, lo detecté rápido, pero...

—¿Pero qué? —la voz de Octavio sonó grave.

—Por más que los borremos, siempre aparecen nuevos. Ya puse a un equipo a encargarse sin parar. Antes, cuando su esposa armó el escándalo en la fiesta de aniversario, hubo chismes, pero los videos no se filtraron y la cosa no pasó a más. Ahora, en cambio, el interés en redes por su relación con su esposa ya se salió de control. Ni el consejo de administración ni los clientes van a quedarse tranquilos si esto sigue así.

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