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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 130

Sin decir más, y sin esperar a ver cómo reaccionaba Ernesto, Octavio apretó con fuerza la cintura de Cristina y la arrastró consigo.

La habitación que él había preparado se encontraba en otra parte de la casa.

Cristina sintió que la sombra de haber estado retenida volvía a envolverla.

—Octavio, si vuelves a encerrarme, te juro que haré que todo el mundo se entere de quién eres en realidad.

Él ni siquiera se molestó en prestarle atención a sus intentos de resistirse. Abrió la puerta y, con el rostro impasible, la empujó con tal fuerza que Cristina perdió el equilibrio y cayó de rodillas, golpeándose duro contra el piso.

Al levantar la mirada, lo primero que vio fue la punta de los pies de Marisol, adornados con esmalte rojo encendido.

Marisol estaba sentada en el sofá, cruzando una pierna con aire de reina, luciendo un traje de baño diminuto. Desde lo alto, la miraba con una sonrisa cargada de malicia.

—Cuídate, cuñada, no vaya a ser que te lastimes. Si te pasa algo, mi hermano se va a preocupar.

—Eso ya no le importa.

Octavio se dejó caer en el sofá, sin mirar a nadie más.

Marisol, como si fuera una gata mimada, se acomodó en su brazo, lanzándole una mirada desafiante a Cristina, acompañada de una sonrisa torcida.

Cristina se puso de pie por sí sola, la mirada helada, los labios torcidos en una mueca mordaz.

—¿Así que, señor Lozano, me trajiste para ver el show privado de ustedes dos? ¿O piensas cobrar por entrar a este circo?

Los ojos de Octavio se oscurecieron. Marisol se levantó con ligereza y fue hacia el mueble del bar, sacando una botella de vino tinto.

—Hermano, este tiene sabor a frutas. Es suavecito, perfecto para relajarse en la piscina.

Sirvió dos copas. Le pasó una a Octavio y la otra la llevó frente a la boca de Cristina.

Cristina desvió el rostro, dejando claro el rechazo en su mirada.

—¿Tan mal te caigo, cuñada? —Marisol fingió estar dolida, pero de pronto le sujetó la cara a Cristina con una fuerza inesperada—. ¿Y si de todas formas te obligo a beber?

La mirada de Cristina se endureció. Le torció la muñeca a Marisol y la empujó con fuerza.

Marisol intentó soltar la copa, pero el vino se derramó todo sobre la ropa de Cristina, manchándola de forma escandalosa.

Lejos de mostrar remordimiento, Marisol se carcajeó sin disimulo.

—Ay, cuñada, tu ropa ya quedó horrible. Mejor cámbiate de una vez, ¿no?

Desde que Cristina se había mudado de la Residencial Bahía Platina, el carácter de Octavio se volvía cada vez más impredecible.

Marisol, con la respiración entrecortada y los ojos llenos de pánico, apenas pudo balbucear:

—Hermano... perdón... no quise...

Octavio la soltó sin miramientos.

—Lo que compraste, sal a ponértelo tú. No quiero verte aquí.

Marisol tosió con fuerza. Al escuchar eso, se arrojó a sus pies, desesperada.

—No, hermano, por favor, no me hagas esto...

Cristina observó la escena, frunciendo el ceño. Una mezcla de emociones difíciles de describir le llenó el pecho.

¿De verdad se puede caer tan bajo por amor?

En ese momento de distracción, no se dio cuenta de que Octavio ya se encontraba justo frente a ella.

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