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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 158

—¿Se desmayó? —Octavio frunció el ceño—. Yo... yo no lo sabía.

Ángela soltó una risa desdeñosa.

—¿Y cuando ella estaba en la cima de las aguas termales, tú te fuiste y justo después casi la empujan por el barranco, tampoco supiste nada?

Octavio abrió la boca, pero por más que intentaba, no salía ningún sonido.

—Cada vez que Cristina se ha visto en peligro, siempre ha sido por tu culpa. Pero, casualmente, tú nunca estás cuando ocurre. Eso sí, cuando a tu querida amante le pasa algo, hasta por un cabello fuera de lugar sales corriendo. Dices que amas a Cristina, pero cada movimiento tuyo demuestra que prefieres a esa descarada.

—¿Qué se supone que tiene que hacer Cristina, quedarse a esperar a que la termines por destruir? Octavio, vete a vivir tu vida con tu amante y déjala en paz. ¡Déjala ir, por favor!

Octavio parecía vacío por dentro, como si le hubieran arrancado el alma. Se dejó caer de rodillas en el suelo, sin que le importara que su caro traje se manchara con la suciedad junto a la puerta de urgencias.

Alzó el brazo, intentando aferrarse a algo, pero solo atrapó el aire.

Igual que su matrimonio, que él creía tan firme, pero que con cada herida se fue desmoronando hasta quedar en nada.

Hoy, cada palabra de Ángela era un cuchillo directo al corazón, clavándolo en la vergüenza de ser el causante de todo, dejándolo sin una sola excusa.

—Cristina... —Su voz temblaba.

—¡No tienes derecho a llamarla! Octavio, divorciarte será lo único bueno que hagas en tu vida. No la hagas sufrir más por tu culpa.

—Señorita Montoya, el señor Lozano ya está bastante afectado. Por favor, no lo culpe más —Marco no pudo seguir observando la escena.

Jamás había visto a su jefe tan derrotado.

—Si de verdad supiera lo que es estar mal...

Ángela iba a seguir, pero Elián la detuvo.

Elián negó con la cabeza. Si vas a herir, hay que saber hasta dónde. La herida tiene que doler lo suficiente para que no olvide nunca, pero no matarlo de una vez.

En ese momento, Sebastían llegó corriendo, como si buscara algo con desesperación.

—Vaya —replicó Ángela con ironía—, la gran educación de la familia Lozano: se la pasan mordiendo y, cuando alguien responde con un golpe, todavía se quejan.

Furioso, Sebastían levantó la mano. Elián se interpuso de inmediato.

—¡Paf!

El golpe de Sebastían cayó en el hombro de Elián.

—Papá...

Por fin habló Octavio, pero su tono sonó apagado.

—Antes de que lleguen los especialistas, los doctores de aquí también pueden salvar vidas. Si de verdad le preocupa tanto, mejor vaya a esperar afuera del consultorio.

Sebastían, impaciente, casi gritó:

—¡Pero se trata de Marisol! Los que están adentro ya estarían muertos si no pudieran hacer nada. ¿Qué daño puede hacer que nos presten a un especialista?

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