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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 159

—Señor Lozano, la persona que está adentro es la señora —le recordó Marco al lado.

Al escuchar esto, Sebastián se quedó pasmado un instante, para luego empezar a reír.

—¿Tan rápido le cayó el karma? ¡Qué maravilla! Que el especialista salga de una vez, ya ni hace falta que sigamos con el rescate.

Marco cerró los ojos un segundo, como aguantando el fastidio.

—Señor Lozano, el especialista de Clarosol no vino porque nosotros lo llamáramos. No va a ceder solo por usted.

La sonrisa de Sebastián se congeló en su cara.

—Cristina no tiene ni padre ni madre, nadie la va a respaldar. ¿Quién fue el que le consiguió a ese especialista?

Marco se mantuvo cortés, pero su voz no dejó espacio para dudas.

—Si de verdad supiera dónde está parado, ni siquiera haría esa pregunta.

Sebastián se quedó sin palabras.

—Marco —la voz de Octavio sonó más cortante que nunca—, llama a los guardias y que lo saquen de aquí.

Sebastián tragó saliva, pero no se atrevió a decir más.

...

Al poco rato, la puerta de la sala de emergencias se abrió de repente.

El especialista, al frente del grupo, se quitó el cubrebocas. Todavía tenía el ceño fruncido, la seriedad no se le había ido del todo.

—La paciente está fuera de peligro por ahora, aunque necesitamos observarla unas horas más. Si no pasa nada, la trasladaremos a cuidados intensivos.

A Octavio se le movió la garganta, tenía las manos apretadas a los costados tanto que los nudillos se le pusieron blancos. Al final, solo asintió con la cabeza, apenas murmurando:

—Gracias...

El especialista lo miró varias veces, su voz se tornó grave.

—Aunque ella ya no corre peligro de muerte, durante el coma presentó episodios de estrés, no dejaba de gritar ‘no’. Ese nivel de trauma puede quedarse con ella mucho tiempo. Si usted es su familiar, piense bien cómo va a ayudarla a superar esto.

Los ojos de Octavio se pusieron rojos, las venas se le marcaban como ramas en la mirada.

Miró a Elián.

—Por favor, cuida de ella un rato.

Sin decir más, se dio la vuelta y salió.

—¿A dónde vas? Tu esposa ni ha salido, ¿hay algo más importante que ella? —le soltó Elián, pero Octavio no le respondió, y su figura desapareció por el pasillo.

—¿Desde cuándo la traías en la mira? ¡No te hagas el idiota!

Por indicación de Marco, arrastraron a la doctora, arrojándola frente a Jesús.

La mujer tenía la cara tan golpeada que apenas se distinguían sus rasgos, temblaba de puro miedo y ni siquiera podía mantenerse de pie.

—Jefe, ¡él quería cortarme la mano! ¡Por favor, ayúdeme!

—La descarga eléctrica fue tu idea, y tú misma drogaste a la muchacha para traerla. Todos estos años he hecho lo que tú me pedías.

—¡Yo ni siquiera sabía quién era! Esto no tiene nada que ver conmigo...

Jesús perdió la paciencia y le gritó:

—¡Cierra la boca!

Después, miró a Octavio, dejando de lado la farsa.

—Tú fuiste el que mandó bloquear a Dinámica Suprema, si no, ella nunca habría llegado hasta mí. En esa cena, tú mismo insinuaste que ya no te importaba esa mujer. Si vas a buscar culpables, ¿por qué no empiezas por ti?

Octavio se agachó a su altura, la mirada llena de desprecio, los dedos crujiendo de la rabia.

—La verdad, debería empezar por mí. Así que ahora me toca encargarme de la basura personalmente.

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