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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 163

La policía llegó rápidamente y logró rescatar a Ernesto, que estaba en desventaja.

Cristina permanecía sentada en su silla de ruedas, viendo cómo Octavio se marchaba acompañado por los policías. Sus miradas apenas se cruzaron fugazmente, sin que ninguno de los dos dijera una palabra más.

A estas alturas, ¿qué podrían decirse?

Todo lo que él había construido—su reputación, su carrera—ella lo había destruido.

Cristina pensó que lo único que quedaba entre los dos era hablar del divorcio.

Ángela no fue a comprar desayuno ese día.

En la entrada del elevador, se topó con la empleada doméstica de la familia Montoya.

La señora le había enviado a Ángela una sopa nutritiva, preparada especialmente para Cristina, en porciones para dos personas.

También le entregó ropa limpia para que Cristina pudiera cambiarse.

Mientras Cristina probaba la sopa hecha por la señora Montoya, entendió perfectamente el mensaje detrás del gesto.

Elián había alterado los registros médicos y ocultado la noticia de su pérdida; Cristina había prometido no buscar represalias, y ella era de palabra.

—Ernesto está grave, va a necesitar quedarse en el hospital—comentó Ángela—. Las familias Lozano y Jurado de por sí no se llevan, y la familia Jurado no se va a quedar de brazos cruzados. Ahora sí, Octavio va a andar vuelto loco.

Cristina no reaccionó. Su ánimo parecía estar en pausa.

Días después, empezó a dormir cada vez más. Pero siempre se despertaba sobresaltada, atrapada en medio de pesadillas. Después de esos sueños terribles, el cuerpo no le respondía y volvía a quedarse dormida.

Así estuvo tres o cuatro días, repitiendo ese ciclo, hasta que por fin empezó a sentirse mejor.

Las heridas en su cuerpo también sanaban rápidamente.

Cuando la trasladaron a una habitación común, los especialistas del equipo de Clarosol ya se habían marchado, pero el hospital le asignó al mejor médico del área para su atención.

Ángela, por su parte, andaba de arriba para abajo sin descanso.

Desde que anunció en la cumbre que estaban buscando un socio exclusivo, tanto ella como la compañía recibieron llamadas sin parar.

Cristina se preocupaba por Ángela y, para no sobrecargarla, contrató a una cuidadora, así que ya no la hacía quedarse con ella en las noches, aunque platicaban varias veces al día por teléfono.

Un día, Ángela le trajo una noticia importante: Octavio estaba a punto de ser destituido y ya casi no podía sostenerse en el cargo.

Además, si Dinámica Suprema firmaba un acuerdo estratégico con otra empresa, para el Grupo Alfa sería como cortarle las piernas; no iban a poder recuperarse.

Cristina no comentó nada al respecto, solo escuchó.

Apenas el doctor terminó su ronda, la puerta del cuarto se abrió de golpe.

Cristina levantó la cabeza y se encontró con la mirada de Francisco. Suspiró y apartó los ojos despacio.

—¿Qué pasa? ¿Te pongo nerviosa?—preguntó Francisco mientras entraba cargando una bolsa con ginseng y otros tónicos.

—¿No podías esperar a que saliera del hospital para venir a cobrarme?—replicó Cristina.

Francisco soltó una risa, sin siquiera negar lo que buscaba. Dejó los suplementos en la mesa junto a la cama y agregó:

—Si espero más, capaz se te olvida.

Francisco cerró los ojos un momento, buscando paciencia.

—No le tenemos miedo a la competencia.

Cristina terminó la llamada entre risas.

Francisco la señaló, resignado.

—¡Ya es la segunda vez!

La sonrisa de Cristina seguía ahí.

—Te lo juro, seguro habrá una tercera.

Nunca antes una mujer se había comportado de esa manera delante de él.

Francisco no sabía si reírse o enojarse.

—¿Y el favor que le debes a Ernesto? ¿Cómo piensas pagárselo?

Al ver la cara de desconcierto de Cristina, aclaró:

—Por decir un par de palabras en tu defensa frente a Octavio, mi hermano sigue internado.

Cristina parpadeó varias veces, con tono travieso.

—Ah, ¿entonces tienes miedo de que termine pagando mi deuda de colaboración con tu hermano y no contigo?

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