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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 166

Las uñas de Julieta se incrustaron en su pálida piel, y pequeñas gotas de sangre comenzaron a brotar en la palma de su mano.

...

A la mañana siguiente, Dinámica Suprema publicó el anuncio en su página oficial.

En realidad, para un gigante como el Grupo Alfa, un pequeño golpe de Dinámica Suprema no representaba un daño serio. Sin embargo, la postura tan clara de Dinámica Suprema hizo que el mercado perdiera aún más la confianza en el futuro del Grupo Alfa.

El consejo directivo del Grupo Alfa se sumergió en una pelea interna aún más feroz.

Ese mismo día, a las nueve de la mañana, la compañía anunció la suspensión de sus acciones en la bolsa.

Octavio estaba sumido en el caos, pero Cristina ni siquiera tenía tiempo de pensar en él, pues estaba ocupada empacando sus cosas para salir del hospital.

Al escuchar que alguien entraba, Cristina pensó que era Ángela quien venía por ella y, sin levantar la cabeza, dijo:

—Ya alguien arregló los trámites para darme de alta. ¿Tienes idea de quién fue? La verdad, quien haya sido se portó muy bien...

—¡Cuidado!

La interrumpió Ernesto antes de que terminara la frase.

Cristina giró la cabeza y se encontró con Ernesto, a quien no veía desde hacía varios días. Él sostenía a mano limpia el cuchillo que Julieta llevaba, colocándose entre Cristina y el peligro.

Cristina agarró una silla, lista para arrojarla hacia Julieta.

Julieta también se asustó y de inmediato soltó el cuchillo, temblando mientras decía:

—Vine a buscarla, ¿por qué te metes?

Ernesto, todavía agitado, le replicó:

—No voy a dejar que le hagas daño.

Julieta trató de aclarar la situación:

—Yo... vine a pedirle perdón. Le traje el cuchillo, puede hacer conmigo lo que quiera, pero por favor, que Octavio no me quite el dinero para mis medicinas.

Cristina no podía creer lo que estaba oyendo y, sin decir más, dejó la silla y revisó la mano de Ernesto.

—¿Así nomás te lanzas a agarrar la hoja? ¿No sabes que es mejor sujetar la muñeca?

Llamó a la enfermera y le pidió que llevara a Ernesto para que le curaran la herida.

Cuando terminó, miró a Julieta y le soltó:

—¿Que no tienes dinero para tus medicinas? ¿Y eso qué tiene que ver conmigo? ¿Acaso fui yo quien te cortó el apoyo? Lárgate, no quiero verte ni un minuto más.

Julieta intentó replicar, pero Darío interrumpió su intento.

Cristina bajó la mirada.

—Perdón, señora. La situación me obligó y no tuve otra opción.

La anciana soltó una risa desdeñosa.

—Mi nieto es un genio para los negocios, pero para el amor es un iluso. Te quiere, se ha aferrado a ti y no te va a soltar. Si lo hubieras guiado bien, ¿de verdad estaría en este lío?

Ya había dejado claro que, para ella, todo era culpa de Cristina.

Cristina, tranquila, contestó:

—Usted fue quien me tendió la mano cuando más lo necesitaba. Esa gratitud nunca la he olvidado. Hoy le fallé, así que aceptaré la consecuencia que decida.

La anciana asintió con una pequeña sonrisa.

—Por lo menos eres directa.

Mientras hablaba, Darío se acercó y le ofreció una taza.

La abuela le explicó con voz pausada:

—Esto es Agua de Azufre en alta concentración. Bébela y quédate aquí por cuatro horas. Si al final sigues viva, todo lo pasado quedará en el olvido.

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