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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 169

Justo después, aparecía una foto de Cristina y Ernesto con las frentes pegadas. Ella, con la cabeza baja, sostenía cuidadosamente la mano de él.

El fondo era una habitación de hospital.

Los ojos de Octavio se oscurecieron de repente.

Pero solo fue un instante; esa mirada filosa que parecía una daga lista para atacar desapareció tan rápido como surgió.

...

En ese momento, Cristina y aquel pájaro problemático iban sentados en el carro.

Francisco la miró varias veces antes de hablar:

—El hecho de que venga a recogerte aquí, justo en la entrada de la casa de la familia Lozano, deja claro que no le tengo miedo a Octavio. Puedes confiar en que mi intención es seria.

Cristina mantuvo una sonrisa tranquila en el rostro.

—¿Te pusiste tan firme porque el Grupo Alfa anda tambaleando? Yo apuesto que si Octavio aguanta la presión, tú serás el primero en echarte para atrás.

En la opinión de los demás, Francisco siempre había sido un tipo con una presencia imponente.

Como el hijo mayor de la familia Jurado, logró imponerse tras una feroz pelea interna por el poder. Aunque aparentaba ser un hombre elegante, se le notaba una seguridad feroz, forjada entre traiciones y luchas familiares, que bastaba para poner incómodo a cualquiera a su alrededor.

Pero Cristina parecía inmune a su aura.

Francisco la observó, y en sus ojos se agitaban emociones que no terminaban de salir a la superficie.

—Oye... —su voz sonaba dudosa—, ¿podrías, no sé, no dejarme tan mal parado?

Cristina levantó la comisura izquierda de los labios.

—Fuiste tú el que empezó a picarme con tus comentarios.

Francisco soltó una pequeña risa, casi resignada.

—De verdad, tienes lo tuyo.

Cristina se recargó en la ventana del carro.

—Yo soy como un espejo para todos ustedes.

Si tú eres transparente, yo también lo soy.

Si eres sombra, yo me vuelvo oscuridad.

—Ya casi es mediodía, ¿quieres ir a comer algo conmigo? —sugirió Francisco.

—No sé qué método va a usar el señor Jurado para lograr que me divorcie de Octavio —respondió Cristina, rechazando la invitación con su respuesta.

Francisco meditó unos segundos.

—Pensaba pedirle a mi hermano que lleve tu caso.

Cristina se rio bajito.

—¿Qué? ¿No quieres enfrentarte a Octavio en el juzgado? —preguntó, divertida.

—Y yo que pensaba que tenías un plan brillante... Al final, solo eso. No te preocupes por el abogado, yo misma me encargo.

—Aun así, aunque te defiendas sola, igual necesitarás asesoría legal. Mi hermano es de confianza, todo sería más fácil.

—Quiero un cabello tuyo para hacer una prueba de ADN.

Ernesto la fulminó con la mirada.

—¿Así que piensas juntarte con Francisco para venir contra mí?

Cristina se quedó congelada unos segundos.

En ese momento, un mesero entró con la comida. Justo al abrir la puerta, un desconocido que pasaba por ahí miró hacia adentro.

El ceño de Ernesto se marcó de inmediato y el ambiente se tensó.

—Francisco lleva tiempo investigándome, y cualquiera que se me acerque termina metido en problemas. Mejor que no nos veamos tanto.

Cristina entendió al instante.

Un hijo ilegítimo, sin el respaldo de la familia materna, sobreviviendo solo en medio de las fieras que son los Jurado... cada paso que daba era como caminar sobre una cuerda floja.

Francisco nunca salía sin su séquito, pero Ernesto ni siquiera parecía tener a alguien de confianza a su lado.

—¿Y todo esto para qué? ¿De verdad vale la pena vivir así? —Cristina preguntó.

Ernesto no respondió. Sacó una tarjeta y la puso sobre la mesa.

—Si alguna vez tienes una emergencia, usa esto.

Cristina no la tomó.

—Entre nosotros no hay tanta confianza. Te lastimaste por mi culpa, y ahora me das una tarjeta... ¿No temes que Francisco sospeche de algo?

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