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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 170

Ernesto guardó silencio.

...

Afuera del restaurante, dentro del Jaguar.

La secretaria leyó el mensaje que acababa de recibir, se giró y le habló al hombre sentado en el asiento trasero.

—Señor Jurado, la señorita Pérez sí fue a ver al señor Ernesto, tal como pensábamos.

Francisco mantenía la mirada fija en el letrero del restaurante, en los nombres de los platillos, sin decir una palabra.

—Señor Jurado, esa señorita Pérez anda jugando a dos bandas: coopera con usted, pero también tiene un enredo con el señor Ernesto. Es muy lista, ¿de verdad cree que se puede confiar en lo que dice?

La secretaria no evitó soltar la indirecta. Durante el trayecto en carro, había notado la manera en que Francisco interactuaba con Cristina, y no pudo evitar sentir que su jefe había salido perdiendo en la conversación.

Francisco apartó la vista del letrero y la dirigió hacia la secretaria.

—Sí, es un poco mala, pero no de esa forma que molesta. Incluso tiene un aire ingenuo.

Entre toda la gente que había conocido, Cristina era la única que no fingía astucia cuando hablaba con él. Es más, ni siquiera se molestaba en ocultar su desagrado, se le notaba en los ojos.

Visto desde otro ángulo, pensó Francisco, eso la hacía bastante sincera.

Al recordarlo, sin darse cuenta, una pequeña sonrisa se asomó en su rostro.

—¿Ya empezaron a comer? —preguntó Francisco.

La secretaria envió un mensaje para confirmar.

—Apenas terminaron de servir los platillos.

Francisco sacó su celular, buscó el número de Ernesto y llamó.

...

En el privado.

Cristina tomó cuchillo y tenedor y sirvió un trozo de pescado empanizado en el plato de Ernesto.

—Tengo un amigo que adora el pescado y cocina aún mejor. Si te soy sincera, este platillo ni se compara con lo que él prepara.

Ernesto miró el pescado en su plato, se quedó unos segundos pensativo, y justo cuando iba a comer, el celular vibró.

Al ver el nombre en la pantalla, le hizo una señal a Cristina para que guardara silencio.

—¿Qué pasa? —contestó.

—¿Dónde andas? —Francisco preguntó con tono casual.

—Estoy comiendo con una amiga —respondió Ernesto.

—¿Amiga o novia? —Francisco bromeó.

—Si no tienes nada más, cuelgo —Ernesto replicó.

—El tío ya volvió. Se está quedando en el Hotel Puesta de Sol. Papá quiere que vayamos a invitarlo a volver a casa.

—¿Ahorita? —la sorpresa se le notó en la voz.

—Sí. Dime dónde estás, paso por ti.

—Déjame preguntar y te mando la dirección exacta.

Ernesto colgó, se puso de pie.

—Ya pagué la cuenta. Quédate tranquila y termina de comer.

—Ese negocio lo estás manejando tú. Si sale bien, papá sólo te va a felicitar a ti. ¿A mí qué?

—Ernesto —Francisco le habló con voz seria—, papá no es tonto. Sabe perfecto quién hace el trabajo.

Ernesto se quedó callado.

—Piénsalo. Por lo pronto, vamos a buscar dónde comer.

Ernesto frunció el ceño.

—¿No se supone que vamos a ver al tío?

Francisco se rio.

—Ya hablé con su secretaria. Hoy anda muy ocupado, pero mañana en la noche va a estar en una subasta de vinos, justo en el hotel donde se está quedando. Podemos toparlo ahí.

Ernesto no pudo evitar molestarse.

—¿Entonces para qué me hiciste salir corriendo?

—Pues yo sigo con el estómago vacío. ¿Por qué tú sí puedes comer primero?

Y encima, comiendo con ella.

Ernesto no dijo nada.

...

Cristina apenas había terminado de almorzar cuando recibió la llamada de Ivana.

—¿Qué subasta de vinos dices? Explícame bien, ¿qué está pasando?

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