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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 171

Cristina no pudo aclarar todo por teléfono, así que decidió ir personalmente a Residencial El Paraíso.

Además, llevó consigo el frasco de extracto de venado que Francisco le había regalado días antes.

Ivana no perdió la oportunidad de bromear:

—Vaya, Cristi, ya hasta la calidad de tus compras cambió.

—Fue un amigo medio tonto quien me lo regaló —respondió Cristina, restando importancia al asunto, y enseguida se giró hacia su abuelo para preguntarle sobre el tema de la pintura.

Héctor, después de un tiempo cuidándose, se veía más saludable, pero en su mirada se notaba una sombra difícil de ocultar.

—“Escondite en la Nieve” es una pintura heredada por la familia Gutiérrez desde hace generaciones —suspiró—. Pero todo se vino abajo, y por la supervivencia de la familia tuve que venderla. Ahora me dijeron que va a salir en una subasta mañana por la noche. Tengo un poco de dinero ahorrado...

Mientras hablaba, puso una tarjeta en la mano de Cristina.

—Patricio ya no está. Siento que le fallé a nuestros antepasados. En esta tarjeta hay cien mil pesos. Si puedes recuperarla, aunque sea una vez en la vida, sentiré que finalmente hice algo digno por quienes nos precedieron. Si no se puede... pues ni modo.

Héctor tenía el semblante lleno de tristeza, como si toda la desdicha del mundo pesara sobre sus hombros.

Cristina no pudo evitar recordar la tarjeta que Ernesto le había dejado, donde tenía disponibles quinientos mil pesos.

Levantó una ceja, con decisión.

—Voy a intentarlo. Si veo que vale la pena, la compro.

...

A la noche siguiente, en el Hotel Puesta de Sol, Salón Luna Clara.

El evento era una subasta privada, así que la lista de invitados era reducida, pero todos eran personajes destacados. No bastaba con ser rico o famoso; también había que tener un mínimo de buen gusto.

Cristina optó por un vestido azul marino de corte francés. El diseño sencillo resaltaba su cintura delgada, el escote cuadrado dejaba ver apenas el inicio de su clavícula, las mangas tres cuartos enmarcaban sus muñecas finas como de porcelana, y la falda, al moverse, dejaba ver unas piernas bien proporcionadas, cada paso rebosando elegancia.

Octavio siempre había entendido perfectamente cada uno de sus encantos físicos. Por eso, cuando la llevaba a eventos, se aseguraba de que usara vestidos que ocultaran sus atributos, logrando que la señora Lozano, ante los demás, pareciera una mujer común, sin brillo.

Pero esta vez, Cristina fue sola. Todo lo que antes se escondía, esa noche surgió con fuerza entre las telas, deslumbrando a todos los presentes.

—¿Cristi, también viniste? —Marisol, tomada de la mano de su madre, se acercó a ella con una sonrisa, como si no existiera ningún rencor entre ambas.

Julieta, a su lado, también sonrió.

—Ay, Cristi, si nos hubieras avisado que ibas a venir, nos habríamos venido juntas. Mira, Octavio le prometió a Marisol que podía comprar lo que quisiera en la subasta. ¿Tú ya sabes qué vas a comprar? ¿Octavio está enterado?

Marisol soltó una risa amarga.

—Todavía tengo chance de regresar para ir a tu funeral.

Agarró una copa de champán y se alejó para ver las obras por su cuenta.

Julieta, respirando agitadamente, sentía cómo el odio le quemaba por dentro...

...

En el segundo piso, Tobías estaba de pie junto a la ventana del salón de descanso, observando el bullicio del piso de abajo.

Su secretario, después de analizar su expresión varias veces, se atrevió a murmurar:

—Esta señorita Pérez hasta se parece un poco a la señora, y la verdad tiene su gracia. De todos modos, la señora lleva años desaparecida. Si usted quisiera, podría tener a alguien similar a su lado y nadie diría nada.

Tobías, sin inmutarse, replicó con voz calma:

—Si desde el principio no lo hubiera tenido claro, no habría aceptado casarme con su recuerdo. Ya que lo hice, esté donde esté, tengo que serle leal toda la vida. Tú llevas tanto tiempo solo que hasta a un robot de limpieza le encuentras atractivo. Mejor búscate una novia, porque ya te estás volviendo loco.

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