Aquella noche, Cristina seguía en la amplia cama matrimonial del dormitorio principal, separada de Octavio por una distancia invisible, como si entre ellos se hubiese trazado una frontera imposible de cruzar...
El alta médica de Cristina no significaba que ya estuviera recuperada; solo que sus heridas habían sanado lo suficiente para dejar el hospital. Las secuelas del accidente al caer al mar seguían presentes, su cuerpo se sentía débil y el sueño la envolvía como una nube espesa. Ni siquiera notó en qué momento Octavio se fue a trabajar.
No supo cuánto tiempo había pasado cuando, de pronto, el estruendo de una patada en la puerta la sacudió del letargo.
Todavía confundida, apenas si alcanzó a abrir los ojos y ya tenía a Julieta entrando con varios empleados de la casa.
Detrás, la voz de Valeria retumbó indignada:
—¡La señora aún no se levanta! ¿Cómo se atreven a entrar así? ¿Acaso ya no les importa el señor Lozano?
Pero Julieta, sin inmutarse, arrancó la sábana que cubría a Cristina y la dejó expuesta frente a todos.
—¿Después de meter a la familia Lozano en semejante lío todavía tienes cara para estar dormida?
La noche anterior, tras una discusión con Octavio, Cristina se había acostado con un pijama sumamente recatado, pero aun así, la humillación la hizo sentir diminuta.
—¿Ahora con qué locura sales? —reviró, herida y furiosa, incorporándose para recuperar la sábana, solo para sentir cómo Julieta le jalaba el cabello con saña.
—¿Loca yo? ¡Tú fuiste la que contrató a un paparazzi en Olbal para sacar fotos de Octavio y Marisol! ¡Tú pagaste para que los exhibieran en redes y llenaran de vergüenza a la familia Lozano! ¿Quién está perdiendo la cabeza aquí?
Por un instante, la mente de Cristina quedó nublada.
—No entiendo de qué hablas —soltó, forcejeando para liberarse de las manos de Julieta.
Pero Julieta, fuera de sí, le apretó la cara con una mano y gritó a los empleados:
—¿Acaso son unos inútiles? ¡La abuela los mandó a traerla! Esta mujer está a punto de ser echada de la familia Lozano. ¿Qué esperan?
Apenas terminó de hablar, los empleados, que al principio dudaban, se lanzaron sobre Cristina...
...
Cristina terminó llevada a la antigua casa familiar, desaliñada y sin fuerzas.
—¿Y crees que Octavio aún la va a defender después de que nos hizo pasar vergüenza? Yo siempre dije que esta mujer no se compara con nuestra Marisol...
Fue entonces cuando Cristina entendió: le habían tendido una trampa. Tal vez Marisol no participó directamente, pero Julieta estaba metida hasta el fondo.
La acusación la había tomado por sorpresa, pero no pensaba quedarse callada. Frotó sus brazos doloridos y miró de frente a Sebastián.
—Señor Lozano, ¿de dónde sacaron pruebas de que yo manché el nombre de la familia?
Esta vez ni siquiera lo llamó padre, y Natalia, al oírla, arrugó aún más la frente.
A Sebastián no pareció importarle cómo lo llamaba; se acercó a la mesa, tomó unos papeles y los exhibió con aire triunfal.
—Aquí están las transferencias que le hiciste al paparazzi que tomó las fotos de Octavio, y a varios influencers que difundieron el supuesto escándalo. Octavio ya confirmó que todo es real. ¿Todavía tienes algo que decir?
Así que Octavio sabía que la familia la iba a enfrentar, y aun así permitió que la arrastraran sin dignidad desde su cuarto...

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