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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 205

Cristina manejaba rumbo al Hospital Santo Tomás.

A medio camino, recibió la llamada de Marco.

—Señora, ayer olvidó firmar una parte del acuerdo —avisó Marco.

—Cuando termine lo que tengo que hacer, me comunico contigo —respondió Cristina.

—No es necesario que venga hasta acá —insistió Marco—. Solo dígame dónde está y yo paso para que firme.

Sin ganas de complicar más las cosas, Cristina buscó una plaza comercial en el GPS y le dictó la dirección.

Veinte minutos después, Marco llegó puntual manejando su carro.

Cristina firmó rápidamente donde faltaba.

Marco revisó con cuidado los papeles y solo entonces explicó:

—El señor Lozano teme que, si le pasa algo, no podrá protegerla. Estos documentos deben enviarse ahora mismo a Silvania para que tengan validez. Disculpe la molestia, señora.

—¿Qué pasó con la familia Lozano? —preguntó Cristina.

Marco dudó antes de contestar, como si no supiera si debía hablar o no. Al final, suspiró.

—La muerte de Julieta afectó mucho al señor Lozano. Él ayudó a que el señor Adrián consiguiera el ocho por ciento de las acciones del grupo y entrara al consejo. Ahora está convenciendo al resto de los directivos para seguir presionando al señor Lozano, incluso quiere armarle un caso para meterlo a la cárcel. Por todo eso, la abuela cayó enferma. La situación está muy complicada, el señor Lozano tiene enemigos por todos lados.

Cristina bajó la mirada.

—Es Octavio, él puede con esto.

Marco bajó la voz.

—Usted no lo sabe, señora, pero el señor Adrián es peligroso. Cuando era joven, no dudó en dispararle a su propio padre. Ahora se alió y compite con el señor Lozano, orillándolo a un callejón sin salida. Por miedo a que le pase algo y no pueda protegerla, el señor Lozano aceptó a la fuerza el divorcio. Después de que usted firmó el acuerdo ayer, el señor Lozano se quedó toda la noche solo en su despacho.

La imagen de Octavio sentado bajo la luz, solo y en silencio, apareció en la mente de Cristina.

Ella sabía que él tenía cartas bajo la manga.

Sin embargo, de inmediato aplastó cualquier duda que empezaba a surgirle.

—Entonces solo queda desearle que salga rápido de este lío.

Apenas terminó de decirlo, se dio la vuelta y cerró la puerta del carro de un portazo.

...

Cuando Cristina llegó al Hospital Santo Tomás, Valeria ya no estaba en la habitación.

Por la anemia que arrastraba desde hace tiempo, Valeria tenía que estabilizarse antes de la operación.

Como no estaba en condiciones para viajar lejos, Cristina decidió ocultarla por ahora en el Hotel Corona del Rey.

El lugar era ruidoso, pero tenía el beneficio de ser discreto. Usó el documento de Ángela para registrar la habitación; así, aunque investigaran a Valeria, no podrían vincularla fácilmente.

En cuanto Valeria mejorara un poco, la llevaría al pueblo vecino, Rivella, para que le hicieran la cirugía.

Cristina cambió todos los muebles del hotel por nuevos y compró sartén, ollas y platos, para que Valeria pudiera cocinar algo sencillo sin salir.

—A más tardar en tres días, Sebastián empezará a buscarte por todas partes. Por suerte tienes que quedarte en cama, así que no tendrás que salir.

Mientras hablaba, Cristina le entregó un celular nuevo.

—Por ahora, no contactes a nadie. Yo te traeré tus medicinas y lo que necesites. Si surge cualquier cosa, mándame mensaje sin dudar.

Valeria no encontraba palabras para agradecerle, solo repetía las gracias una y otra vez.

Cristina sentía una deuda con ella.

Si no hubiera sido por querer enfurecer a Julieta, jamás habría usado el embarazo de Valeria para provocarla, ni le habría dado pistas a Sebastián.

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