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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 206

Hoy en día, todo lo que hacía Cristina era, en el fondo, para intentar compensar el pasado.

Tras asegurarse de que Valeria estuviera cómoda, Cristina regresó al hospital para recoger su ropa y los medicamentos que debía tomar a diario. Mientras metía las cosas en el asiento trasero del carro, de pronto escuchó la voz de Marco detrás de ella.

—¿La señora se siente mal?

Qué coincidencia, pensó Cristina, encontrarse con Marco dos veces en el mismo día.

—No, sólo vine a preguntar algo.

Cerró la puerta del carro de golpe y se preguntó si Marco habría notado la maleta de viaje en el asiento trasero.

—¿Vienes al hospital por un asunto tuyo, Marco? —preguntó ella, manteniendo el tono de siempre.

Marco sonrió levemente.

—Vine a recoger un medicamento. El señor Lozano tiene otra vez ese dolor de cabeza. El único lugar donde tienen el medicamento especial es aquí.

Cristina recordó de golpe que Octavio padecía de migrañas nerviosas. Pero gracias a su esfuerzo constante durante los últimos cuatro años, él casi no había tenido recaídas. Eso quería decir que últimamente las cosas le estaban yendo bastante mal.

—Bueno, te dejo. Tengo que irme —dijo Cristina, y caminó hacia la puerta del conductor.

—Señora —la detuvo Marco—, ¿sabía que Valeria pidió un permiso largo?

Cristina se detuvo por un segundo, y luego esbozó una sonrisa tranquila.

—No tenía idea. De todos modos, estoy a punto de divorciarme. Ya no tienen por qué contarme nada de lo que pase en Residencial Bahía Platina.

Sin darle más vueltas, subió al carro, pisó suavemente el acelerador y se fue sin mirar atrás.

Por el retrovisor, pudo ver a Marco de pie en el mismo sitio, con una expresión pensativa.

Cristina apretó el volante, luego lo soltó despacio. Por poco y las palabras de Marco la hacían dudar. Pero no, Valeria jamás debía convertirse en el comodín de nadie.

...

Apenas un día después, en el interior de la tienda de antigüedades.

Sebastián miró con severidad al asistente que acababa de regresar para rendir cuentas.

—¿Cómo que apenas la encontraron y ya la perdieron?

El asistente bajó la cabeza, explicando:

—Valeria se escapó del hospital. El doctor dice que está en riesgo de perder el bebé y debe hacer reposo absoluto. Quizá se enteró de algo y decidió esconderse. Confirmamos que no volvió a Residencial Bahía Platina, así que Octavio probablemente ni lo sabe aún.

—¿Que no lo sabe? —Sebastián estrelló la tetera contra la mesa, haciéndola trizas—. ¿Van a esperar a que él agarre a Valeria y al niño para chantajearme o qué?

—No se preocupe, señor Lozano, vamos a ampliar la búsqueda ahora mismo.

Sebastián elevó la voz, angustiado.

—Eso no va a pasar. Tu madre me pidió que te protegiera, jamás dejaré que Octavio te mande lejos.

Marisol no dijo nada más, se dio la vuelta y se fue. Si seguía hablando con él, seguro acabaría vomitando.

...

Cristina pensaba que mientras Valeria estuviera en reposo no habría ningún problema. Pero a media noche recibió una llamada urgente de Valeria.

Le había salido sangre.

Aunque sólo eran una o dos gotas, para alguien con baja cantidad de plaquetas, era peligrosísimo.

Cristina pensó rápido qué hacer y marcó el número de Ernesto.

Apenas le contó la situación, Ernesto se levantó de un salto, se puso la ropa y salió disparado.

Al salir al patio, un Ferrari 488 GTB entró despacio por la puerta principal.

El carro se detuvo justo delante de él. La ventanilla trasera bajó, dejando ver el rostro serio y atractivo de Tobías Jurado.

—¿A dónde vas tan apurado? —preguntó Tobías, mirándolo fijo.

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