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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 247

Cristina colgó la llamada y comenzó a subir por su cuenta.

A pesar de que todavía tenía el tobillo hinchado, subió las escaleras despacio, pero sin hacer esperar demasiado a Tobías.

Tobías dejó la taza recién lavada frente a ella y luego fue a lavar otra para sí mismo.

—¿Me seguiste? —preguntó Cristina con recelo.

Tobías ni siquiera se dignó a mirarla.

—No tengo tanto tiempo libre como para andar siguiéndote y sacar diversión de eso.

—Entonces, ¿por qué…?

—Solo fui al baño y, al volver, te vi de casualidad.

Quizá sí había sido solo coincidencia. Cristina se relajó un poco.

El mesero llegó con los platos y Tobías empujó una pomada hacia ella.

—Me hago responsable hasta el final.

Cristina tomó el tubito y lo miró: era una pomada para moretones y golpes.

Se le erizó la piel de inmediato.

—¿Traías esto y justo te “encontraste” conmigo? ¡Claro que me seguiste!

Esta vez, Tobías asintió con calma.

—Entre pensar que fue suerte encontrarte y aceptar que vine a propósito, prefiero creer que es cosa del destino.

Cristina se quedó callada, sin saber si reírse o enojarse con semejante respuesta.

Tobías, sin prestarle atención a su cara de sorpresa, le acercó un plato de tofu con salsa de cacahuate y habló con voz tranquila:

—No sabía si te gusta la comida picante, así que pedí dos tipos de salsa. También pedí el platillo estrella de aquí, setas salteadas con carne ahumada… dicen que está buenísimo.

Cristina no tenía ganas de comer nada, sentía que con tanto coraje ya estaba llena.

...

En el comedor privado de al lado.

Jimena entró de golpe, furiosa.

Gabriel y su esposa ya habían ordenado la comida.

Al verla, Gabriel le apartó una silla junto a él.

—¿No que estabas ocupada? ¿Qué haces aquí de repente?

Jimena, con la cara roja de enojo, pisoteó el suelo.

—¡Ni caso me hace! ¡Y ni siquiera me dejó acompañarlo al hospital!

Tania Velázquez intervino:

—¿Será porque tu papá no le dio esa persona que quería?

Justo cuando Cristina salía de lavarse las manos, se cruzaron en la esquina.

Jimena la miró unos segundos antes de soltar:

—Aunque fuiste tú la que me llamó, ni creas que pienso darte las gracias.

Cristina, con indiferencia, tiró la servilleta en el bote de basura.

—No necesito tu agradecimiento. No pudiste resolver nada, fue un desastre total. Así que, al final, la tan famosa señorita Velázquez solo es esto. La verdad, me decepcionaste.

—¿Y tú qué sabes? —Jimena ya comenzaba a alterarse.

Cristina soltó una risa sarcástica.

—¿A poco no? Te dejé todo servido y ni así pudiste, me equivoqué al confiar en ti. La próxima vez buscaré a alguien más capaz que sí sepa cómo atrapar a Octavio.

Jimena, que debería haber explotado de rabia, de repente se calmó y la observó con atención.

—¿De verdad ya no quieres estar con Octavio? Con todo el dinero que tiene, hay miles de mujeres matándose por casarse con él. ¿Y tú lo vas a dejar ir?

Cristina le dedicó una sonrisa llena de burla.

—Con alguien como tú, es imposible explicar nada. Hazte a un lado.

Jimena, lejos de apartarse, le contestó con veneno:

—Si te soy sincera, tu esposo tampoco es que me haya ignorado del todo. Cuando estuvimos juntos, ya me tocó lo que quiso. Si no fuera porque está hospitalizado, capaz ya hubiéramos terminado en la cama.

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