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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 253

Era Ivana Gutiérrez quien llamaba.

Cristina contestó la llamada.

La voz de Ivana sonaba inquieta al otro lado de la línea.

—¿Qué hago, Cristi? Hace rato me encontré con Pato y, sin querer, Clara Jurado nos vio. Capaz que ahora ya empezó a sospechar que lo de la amnesia de Pato es puro cuento.

Cristina, por instinto, volteó a ver a Tobías.

Bajó el volumen de la llamada, asegurándose de que nadie más escuchara.

—¿No te dije que tuvieras cuidado? ¿Cómo pasó esto?

Ivana rompió en llanto.

—Es que lo extraño demasiado...

Cristina no encontró cómo responderle en ese momento.

—Tranquila, no te alteres. En un rato te busco y lo platicamos.

Colgó y se quedó mirando a Tobías.

El hombre seguía manejando con total calma, como si nada. No parecía haber escuchado nada de la llamada.

—Hace rato dijiste que… ¿qué necesitabas que te diera? —le preguntó Cristina.

Justo cuando Tobías iba a responder, sonó su celular. Era Saúl.

Activó el manos libres.

—Jefe, ya encontramos a la señora.

Tobías se quedó callado unos segundos, sorprendido.

Saúl siguió hablando:

—Hace un momento alguien fue al Hospital Santo Tomás a preguntar por los resultados de la muestra de ADN. El personal se avivó y le preguntó de qué día hablaba. Justo coincidía con el día que la señora fue a hacerse la prueba, y ese día solo fue ella. Ya la retuvieron.

—Entiendo. Gracias.

Tobías terminó la llamada sin perder la compostura.

El carro se detuvo despacio a un lado de la calle.

Cristina notó que él tenía algo importante que hacer, así que se apresuró a decir:

—Me puedo bajar aquí mismo, no te preocupes.

Pero Tobías, sin prisa, sacó un billete de su cartera.

—Cómprame una botella de agua.

Cristina se quedó sorprendida por un momento.

El hombre levantó la barbilla, retador.

—¿No sabes hacer las compras?

Cristina frunció el ceño.

—¿Ahora resulta que me vas a andar mandando?

Tobías sonrió y asintió con la cabeza.

Cristina, incrédula, miró el cielo a través del parabrisas y luego a él.

Con la mirada, le preguntaba: “¿Por qué no lo dijiste antes? Ya va a llover.”

Pero solo tardó unos segundos en recuperar su actitud tranquila.

—Mi carro sigue en el estacionamiento donde fue la fiesta. Como apenas nos fuimos de ahí, ¿me puedes llevar de regreso?

Tobías se ajustó el cinturón.

—Pásame las llaves y yo le pido a alguien que te lo lleve, mándame la ubicación.

Cristina lo miró de arriba abajo, sin entregarle las llaves, y salió del carro sonriendo.

—Gracias por lo de hoy.

De golpe se volvió mucho más formal.

Tobías, satisfecho, aceptó el agradecimiento sin reparos.

—El asunto de la familia Lozano es complicado, Adrián Lozano no es tan fácil como su hermano cree. Es mejor que evites que Octavio se cruce con él…

Cristina lo interrumpió.

—¿El señor Jurado se involucra así en la vida de todos?

Tobías no respondió; solo giró la cara y encendió el carro.

En ese instante, la lluvia empezó a caer.

Cristina murmuró un insulto contra él, buscó un lugar donde resguardarse y pidió un servicio de transporte desde su celular.

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