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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 293

La anciana lo miró con una expresión indiferente, como si nada de todo eso le afectara.

—¿Crees que si yo me meto con ella, Octavio me lo va a perdonar tan fácil?

Oh, lo había entendido mal.

Darío bajó la cabeza, avergonzado.

Pero justo después, la anciana soltó una risita despectiva y añadió:

—Una mujer que pudo sacar del camino a Julieta Silva no es alguien que tenga compasión. Hace rato ya nos dejó claro por dónde va la cosa. Marisol, quedándose al lado de Octavio, es un peligro.

...

Mientras tanto, Marisol fue liberada bajo fianza por el abogado.

Octavio no fue a recogerla.

Marisol era lo bastante inteligente para entender que él la estaba dejando de lado adrede.

Por eso, en vez de ir a buscarlo a la empresa, decidió irse directo al aeropuerto.

Fabián llevaba más de una hora pensando en una cafetería junto al aeropuerto, hasta que tomó una decisión y se levantó para irse.

Apenas llegó a la puerta, un grupo de tipos con pinta problemática le cerró el paso.

Sin decir palabra, lo arrastraron a la fuerza hacia un terreno baldío frente al aeropuerto, un lugar polvoriento y desolado.

Ahí, sin perder tiempo, empezaron a golpearlo. Cada puñetazo y patada caía directo sobre su cara, sin piedad.

En un solo día, Fabián ya llevaba dos palizas encima. Los gritos y lamentos que soltaba se escuchaban hasta el fondo del terreno.

No pararon hasta que la sangre de su frente le nubló la vista y no podía ni abrir los ojos.

Fue entonces que Marisol apareció, saliendo de entre los hombres. Su mirada era tan cortante como un cuchillo.

—¿A qué vino el señor Navarro al aeropuerto? —preguntó sonriendo, pero su tono estaba impregnado de amenaza.

Fabián tenía la boca tan hinchada que apenas podía hablar.

—A… ver a un amigo —musitó, con la voz apagada.

Marisol pateó su maleta, que ya estaba toda golpeada.

—¿Y necesitas llevar equipaje para ver a un amigo?

Fabián se quedó tirado en el suelo, sin atreverse a responder.

Marisol se agachó frente a él y le soltó una bofetada.

—Para que se quedara tranquilo y siguiera trabajando, acepté ser su novia.

Pero Octavio, lejos de conmoverse por sus lágrimas, apartó la mirada con frialdad.

—No tenías por qué hacer eso por mí.

—Hermano… —Marisol alzó la voz, sintiéndose desesperada—. Es mi manera de compensarte.

Octavio soltó una risa sarcástica.

—¿De verdad entiendes en qué te equivocaste?

Marisol mordió sus labios, incapaz de encontrar palabras, con el arrepentimiento reflejado en su cara.

Solo entonces Octavio la miró con seriedad.

—Te esforzaste tanto en culpar a Cristina de traicionarme solo para que yo me convenciera de divorciarme. Pero se te olvidó que yo soy hombre, y también tengo orgullo.

—Lo sé, hermano. Me equivoqué —lloró Marisol, dejando que las lágrimas fluyeran sin control.

Eso pareció suavizar el ánimo de Octavio, que se levantó y le alcanzó un pañuelo.

—Ya no llores. Si Fabián es alguien en quien puedas confiar, no me opongo a que estén juntos. Si no lo es, tampoco tienes que forzarte. El día que te cases, con quien sea, yo me encargaré de que tengas una dote generosa.

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