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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 316

—La verdad, yo creo que ella tiene razón —aconsejó Sebastián—. Fabián todavía está esperando que le confirmes si vas a poner dinero para ampliar el laboratorio. Hoy tienes que darle una respuesta.

...

Cuando Cristina llegó a la oficina de Dinámica Suprema, se quedó boquiabierta ante la cantidad de rosas que cubrían casi todo el lugar.

Ángela la esperaba de pie junto al escritorio.

—Con tantas flores, ya ni cabes aquí, ¿qué vas a hacer con todo esto?

Cristina preguntó casi sin pensarlo:

—¿Estas flores son de Tobías?

Ángela tomó una tarjeta de una de las flores y se la entregó.

—Mi agüita de la suerte funcionó. ¡Hasta los tíos y sobrinos se te andan cayendo! Ahora sí que te pasaste.

Así que… ¿Francisco había mandado todas esas flores?

Cristina dejó la tarjeta sobre la mesa y respiró hondo.

Ángela la miraba de reojo.

—Oye, yo apoyo que tengas todos los novios que quieras. Pero, eso sí, ni se te ocurra que Octavio se entere, porque si se pone sentimental y no quiere divorciarse…

En ese momento, Cristina frunció el entrecejo, mirando a su amiga.

Ángela se interrumpió, dándose un manotazo en la boca.

—Sí, sí, sí, seguro que sí se van a divorciar. Bueno... ¿y tú con Tobías qué? ¿Lo vas a dejar ahí colgado?

Cristina fue hasta la ventana, necesitaba aire. Su voz salió ahogada, apretando la incomodidad en su pecho:

—Angie, después de lo que pasé con Octavio, la verdad, me da miedo volver a enamorarme. Me la pasé pensando toda la noche... Tobías es demasiado bueno, seguro que su esposa también lo es. Yo no tengo papás, no tengo nada especial. ¿Por qué iba a dejar a otra mujer por alguien como yo?

—Ya, ya no digas nada —Ángela se acercó y la abrazó con ternura—. Te entiendo, de verdad que sí. Yo solo quería que, cuando lo necesitaras, hubiera alguien dispuesto a estar contigo de corazón. Si Tobías no es el indicado, pues ni modo. Lo único que quiero es verte feliz, no verte sufrir.

Qué suerte contar con una amiga que la comprendía sin necesidad de explicarlo todo.

...

Cristina decidió llamar a Francisco para dejar las cosas claras.

Pero Francisco no contestó, ni devolvió los mensajes.

Eso sí, cada mañana, sin falta, el despacho de Cristina amanecía lleno de flores. Si por alguna razón no las sacaban antes de terminar el día, al día siguiente parecía que se ahogaba entre tanto ramo.

Después de varios días, Cristina perdió la paciencia y terminó llamando a la florería para poner una queja.

Por fin, sonó el teléfono. Era Francisco.

—¿Ni con tantas rosas logré que seas un poquito más tierna? —bromeó él, con un tono relajado y casi juguetón.

Francisco arrugó el ceño.

—Mamá, ¿cómo crees? Los amigos también cuentan como compromisos.

Begoña le apretó el brazo a Gustavo, y este intervino con un tono que no admitía discusión:

—Tu tío también viene hoy. Nadie puede faltar.

Al decir eso, se marcharon juntos.

Francisco se quedó parado frente a la puerta, sintiendo una presión en el pecho que no sabía cómo quitarse.

...

El Rincón del Sabor.

Apenas Cristina llegó a la entrada del restaurante, recibió un mensaje de Francisco.

[Me surgió algo urgente, no voy a poder llegar.]

La decepción, mezclada con una molestia sorda, le fue calando por dentro. Se sintió como si le hubieran jugado una mala pasada.

Sacó el teléfono, dispuesta a llamarlo para reclamarle, pero al darse vuelta, vio que Marisol venía hacia la entrada del restaurante.

Marisol la reconoció al instante. Se le dibujó esa sonrisa desafiante y, sin dudarlo, se acercó a ella.

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