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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 315

Marisol se apresuró a negar con fuerza.

—No fui yo, fue Adrián quien mandó a hacer eso. No es la primera vez que hace cosas así.

En el rostro de Octavio no se notaba ninguna emoción, pero su voz sonó mucho más suave.

—Vamos a cenar primero.

Valeria se acercó con una botella de vino tinto.

—¿Señor Lozano, la abrimos?

Octavio asintió.

Valeria trajo dos copas y sirvió para ambos.

Marisol apenas pudo disimular su sorpresa, cuando escuchó a Octavio decir:

—Adrián te dejó ahí tus huellas a propósito, solo para tener una salida por si Cristina lograba limpiar su nombre. Así podía echarte la culpa a ti. ¿Ahora entiendes que te usaron?

Hasta ese momento, Marisol no lo había pensado así.

Pero al escucharlo, todo cobró sentido de inmediato.

Octavio continuó:

—Le prometí a mi padre que cuidaría de ti. No voy a faltar a mi palabra. Quédate aquí por ahora, yo veré cómo ayudarte a salir de este lío.

Ella sintió un gran alivio y una gratitud profunda. Estaba por decir algo cuando Octavio levantó la copa.

—Toma un trago, relájate. Luego seguimos hablando.

No sabía si era el vino, o si la sonrisa tranquila de Octavio le afectaba demasiado.

Marisol empezó a sentirse mareada y una sensación de calor le recorrió el cuerpo, hasta que poco a poco perdió la conciencia.

Octavio dejó la copa sobre la mesa. Sus ojos mostraban una expresión impasible.

Valeria entró acompañada de un hombre pálido, que parecía estar al borde del colapso. Ella preguntó:

—¿Te quedó claro lo que tienes que decir?

El hombre asintió.

—Me pagaron bien, pueden estar seguros de que no se van a arrepentir.

Dicho esto, cargó a Marisol y se la llevó.

—Señor Lozano—, murmuró Valeria, bajando la mirada.

Octavio giró la copa entre sus dedos.

—Tú también deberías irte. Sal del país, mantente alejada de todo esto. Solo así vas a poder tener una vida tranquila.

Valeria no pudo evitar que las lágrimas le llenaran los ojos y asintió.

—Señor Lozano, si aún siente algo por la señorita Pérez, por favor, déjela en paz.

...

La noche avanzó, envolviendo a Octavio en un silencio interminable.

Al día siguiente, Marisol despertó en la habitación.

No tenía nada puesto, su cuerpo mostraba marcas y sentía dolor en varias partes. Aunque no recordaba nada, su cuerpo le dejó claro lo que había pasado.

Marisol apretó los puños.

¿Eso significaba que al fin había conseguido lo que quería?

No, nada de eso se sentía real.

En ese momento, sonó su celular.

Ese número solo lo tenían Adrián y Sebastían.

Contestó. Del otro lado, la voz de Adrián se dejó oír.

—¿Dónde te metiste?

La voz de Marisol sonó firme, sin rastro de debilidad.

—Estoy en un lugar seguro, la policía no podrá encontrarme por ahora.

—No te pongas a la defensiva, solo me preocupo por ti.

Marisol dejó escapar una risa seca.

—Desviaste dinero del grupo para hacer donaciones y ni siquiera lograste lo que querías. Yo le tengo más miedo a la libertad que tú, así que no pierdas el tiempo conmigo. Mejor piensa en cómo vas a salir de esta.

Colgó sin darle oportunidad de responder.

Averiguar quién protegía a Adrián no sería difícil. Lo complicado era saber si Octavio de verdad estaría de su lado. Tendría que ponerlo a prueba otra vez.

Pero el dolor no la dejaba en paz. Octavio había sido demasiado brusco. Necesitaba descansar unos días antes de intentar cualquier cosa.

Al otro lado de la línea, Adrián, enfrentando por primera vez la rebeldía de Marisol, estuvo a punto de romper el teléfono de la rabia.

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