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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 320

Cristina no lograba zafarse de su mano. Entre dientes, le espetó con rabia:

—¡No es asunto tuyo!

La voz de Octavio se volvió aún más cortante.

—Hasta donde sé, él ya está casado.

Cristina le respondió, todavía más molesta:

—¡Eso es perfecto! Así, estando con él, nadie tiene que cargar con nada.

—¡Cristina!

La mano de Octavio apretó más sus mejillas. En sus ojos asomaba un dolor contenido que parecía a punto de desbordarse.

—Sabes bien cómo son las cosas, ¿por qué no puedes darme un poco más de tiempo? ¿De verdad crees que él te conoce mejor que yo? ¿Crees que puede preocuparse más que yo por ti?

—¿Qué se supone que sé? —Cristina trató de zafarse, la voz temblando de enojo—. Lo único que sé es que una y otra vez, siempre escogiste a los demás, y a mí solo me dejaste heridas. Octavio, estaba ciega cuando me enamoré de ti. Ahora te detesto, ojalá desaparecieras de mi vida.

Octavio se quedó inmóvil, como si esas palabras lo hubieran dejado sin aire. Era así como ella lo odiaba... pero el odio, al final, es solo el otro lado del amor.

De pronto, la furia en sus ojos se esfumó. Soltó su rostro y, con extraña delicadeza, la ayudó a sentarse bien.

—Todavía te gusto, ¿cierto?

Cristina se acurrucó en el sillón, evitando mirarlo, negándose a responder.

Pero Octavio sonrió, seguro de sí:

—Mi Cristi no haría ninguna tontería. Lo que te duele es que cada vez elegí a otros y te lastimé. Por eso ahora usas a Tobías para hacerme enojar. Pero si pongo todo en orden, vas a volver conmigo, ¿verdad?

...

En ese momento, el timbre sonó otra vez.

Esta vez, Cristina supo que era Tobías. Como tenía el celular en modo vibración y no contestó ninguna llamada, seguro él decidió subir personalmente a buscarla.

Cristina se levantó de inmediato para abrir, pero Octavio la jaló por el brazo.

—Piensa en lo que de verdad quieres antes de abrir esa puerta.

Sus palabras la dejaron helada.

¿Así que él había venido a buscarla solo para arreglar los trámites?

...

Afuera, Tobías esperó unos diez segundos. Al no escuchar nada, estuvo a punto de llamar a alguien para que le abriera, cuando de pronto la puerta se entreabrió apenas un poco.

—Estoy bien —respondió Cristina, con una calma que casi parecía extraña.

—Perdón por molestar.

No hubo reclamos ni palabras de más. Se dio media vuelta hacia el elevador, y hasta su espalda parecía contenerse para no mostrar ninguna emoción.

...

Cuando la puerta se cerró, Cristina apenas logró contener las emociones y le reclamó a Octavio:

—¿Ya estás satisfecho?

Octavio le acarició el rostro, con una sonrisa torcida.

—Por supuesto.

Un tipo orgulloso como Tobías, después de ser humillado así, no volvería jamás. Incluso si alguna vez sintió algo por Cristina, ahora todo había quedado destrozado.

Eso era justo lo que Octavio quería: arrancar de raíz cualquier posibilidad, dejar claro que solo él podía estar con ella.

Pero Cristina, conteniendo las lágrimas, lo apartó de un empujón.

—¿Ya te puedes ir?

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