Entrar Via

La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 330

Adrián, completamente fuera de sí, jaló a su padre y lo puso delante de él sin que nadie pudiera anticiparlo.

La hoja del cuchillo se hundió en el pecho de Sebastían.

Hasta la abuela se quedó sin palabras, y Octavio solo apartó la mirada, indiferente.

Sebastían, con el rostro desencajado, miró a su hijo, ese muchacho al que había consentido toda la vida. El horror y la desesperación se reflejaban en sus ojos, como si no pudiera aceptar la traición.

Justo cuando parecía que Adrián y sus hombres iban a ser sometidos, el celular de Octavio vibró.

Le llegó un mensaje de voz de Marco. Con el ceño fruncido, Octavio salió hacia la plaza frente a la casa.

Se quedó un momento pensativo, luego tomó su celular y marcó un número…

...

Hotel Puesta de Sol.

Tobías estaba a punto de salir cuando Salomé lo detuvo.

—Cuñado, quédate a desayunar conmigo.

Tobías tenía la cabeza en otra parte; pensaba ir a Dinámica Suprema para aclarar las cosas con esa mujer. Contestó sin rodeos:

—No puedo. Si te molestas, pues ni modo, te quedas sin desayunar.

Salomé hizo puchero. En la familia, todos la consentían, menos Tobías.

Sin pensarlo mucho, le arrebató las llaves del carro.

—Si no me acompañas, tampoco te vas.

Tobías estaba por responderle cuando su celular comenzó a sonar.

Era un número desconocido.

Normalmente habría ignorado la llamada, pero una corazonada le dijo que la contestara.

—Deja las llaves donde estaban —ordenó, mientras se acercaba a la ventana para contestar.

—Señor Jurado.

La voz de Octavio Lozano salió del auricular, firme y sin rodeos.

Tobías apretó los labios, su tono se volvió distante.

—Veo que el señor Lozano tiene recursos para conseguir mi número. Buen truco.

Octavio no perdió el tiempo:

—Sobre mi esposa, quiero proponerte un trato.

Antes de que pudiera decir más, a Tobías le apareció el aviso de llamada en espera.

—¿No que no te gustaban las mujeres? Yo solo quería alejarte de las malas influencias, ¿y ahora qué?

Pero el momento era crítico. Tobías la miró con frialdad y, lanzándole una advertencia rápida, salió a toda velocidad.

—Luego hablamos de esto, no se me olvida.

...

Apenas salieron del estacionamiento subterráneo del edificio, el carro de Francisco fue alcanzado por dos camionetas negras que no les daban respiro.

Francisco aceleró, zigzagueando por las calles hasta que, forzado, terminó en la carretera rumbo a las afueras de la ciudad.

Cristina, desde el asiento del copiloto, tomó el celular de Francisco y le envió la ubicación a Tobías. Luego, serena, le indicó cómo embestir a una de las camionetas para sacarla del camino.

El golpe funcionó, pero la otra camioneta negra continuó la persecución hasta que los obligó a detenerse al borde de un acantilado.

Abajo, la pendiente estaba cubierta de maleza y un río caudaloso rugía.

—Yo los distraigo, tú busca cómo escapar —dijo Francisco, quitándose el cinturón con decisión, y aventó su saco al asiento.

La camisa ceñida marcaba la tensión de sus hombros. Caminó hacia adelante, firme, hasta plantarse frente a la camioneta enemiga.

La puerta del conductor se abrió. De ella bajó Oliver.

Del otro lado, otra puerta se abrió, y la que salió fue Marisol.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Revancha de una Ex-Ama de Casa