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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 349

Baño.

Ambas se quitaron los pasadores del cabello y los dejaron en la canasta al lado, acomodándose los mechones sueltos.

Esta vez, Ángela se movió con mucho más cuidado, sin arrancarse ni un solo cabello.

—En un rato, antes de anunciar la colaboración entre nuestras dos empresas, ¿por qué no subes tú a presentar nuestro nuevo producto? —le propuso Cristina a Ángela.

—No debería, ese logro es tuyo. Tú deberías mostrarle a todos tu trabajo —respondió Ángela, dudando.

Cristina soltó una risa suave.

—La empresa es de las dos. Pero tú eres la jefa, si tú lo presentas, ganas mayor visibilidad. Eso le da fuerza a la marca, y la verdad, nos conviene.

Ángela, entendiendo la intención de Cristina, terminó por asentir.

En ese momento, Salomé entró al baño desde afuera.

Echó un vistazo a la canasta que estaba entre las dos en el lavabo.

Se acercó y se metió justo en medio de ambas.

Ángela frunció el ceño, lanzándole una mirada, pero Salomé se dirigió a Cristina.

—Señorita Pérez, qué coincidencia verla por aquí —dijo con una sonrisa.

El gesto de Cristina fue apenas una mueca.

—Sí, qué coincidencia —replicó con tono seco—. Aunque la mayoría de las veces que te encuentras a alguien en el baño, es porque venía con algún plan escondido. Si no sacas la basura, seguro te quedas incómoda.

Salomé no supo cómo responder, y la sonrisa desapareció de su cara de inmediato. Iba a girarse para irse, pero en ese momento, su mano “accidentalmente” tiró la canasta del lavabo.

—Ay, perdón, qué torpe soy.

Se agachó para recogerla, aprovechando para retirar rápidamente los cabellos de los pasadores.

Recordaba perfectamente: el de Ángela era el de brillantes, el de Cristina, de perlas.

Guardó los cabellos separados en el forro interior y exterior de su bolso, asegurándose de no mezclarlos.

Su maniobra fue tan ágil que, para Cristina y Ángela, solo había recogido las cosas del suelo.

—Aquí están los pasadores, no se rompieron. Disculpen el relajo.

Colocó la canasta de nuevo en el lavabo y se marchó como si nada.

Nadie más respondió.

Y es que, si Dinámica Suprema realmente había logrado fabricar ese producto, quedaba claro que la empresa se posicionaría como líder tecnológica del sector.

El público rompió en aplausos y la demostración concluyó en medio de elogios.

Después, Julia subió al escenario.

—Para nosotros, en Energia Viva, es un honor alcanzar esta alianza estratégica con Dinámica Suprema. Ahora, permítanme presentar con orgullo a nuestro fundador y presidente, quien ha sido el mayor impulsor de esta colaboración, para que suba al escenario junto a la señorita Montoya y celebremos juntos este momento.

Tanto Ángela como Cristina se sorprendieron al escuchar que el presidente de Energia Viva había decidido venir en persona. En ese instante, la puerta lateral se abrió lentamente.

Octavio apareció vestido con un traje a la medida.

La diferencia con el hombre que un día había estado perdido era abismal.

No solo Cristina y Ángela, sino todos los presentes quedaron boquiabiertos.

El Grupo Alfa, ese gigante, había caído, y la familia Lozano había perdido todo su poder. Sin embargo, Octavio había encontrado la manera de reinventarse y ahora estaba ahí, con una nueva identidad.

El crecimiento de Energia Viva en el extranjero no era algo que pudiera lograrse de la noche a la mañana. Quedaba claro que la jugada de Octavio para salir del desastre familiar había comenzado varios años atrás.

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