Cristina sonrió con cortesía.
—Julia, exageras. Tú sí que tienes mérito, llevar las riendas de Energia Viva y lograr tanto éxito... Es admirable, de verdad.
—Espero que a partir de ahora nuestras empresas colaboren muy bien —respondió Julia, levantando su copa con una sonrisa.
Ambas brindaron, apenas probando el vino, y enseguida se despidieron para ir a saludar a otros invitados.
Mientras cada una conversaba con sus respectivos grupos, una ligera agitación surgió en la entrada del salón.
Cristina, al mirar hacia allá, se quedó de piedra.
Francisco, quien aún seguía hospitalizado, apareció en la recepción con un impecable traje negro. Pero lo que más sorprendió a todos fue la joven que llevaba del brazo: nada menos que Salomé.
Ángela buscó la mirada de Cristina, preguntándole en silencio: ¿y este qué hace aquí?
Cristina solo se encogió de hombros y le devolvió una mirada igual de desconcertada.
Francisco lucía tan bien como siempre, como si nunca hubiera sufrido ningún accidente. De no ser por el pequeño vendaje blanco en la frente, cualquiera habría creído que lo de la caída nunca pasó.
Cristina dejó su copa sobre la mesa y caminó directamente hacia él.
Francisco notó su presencia y le dijo algo rápido a Salomé antes de soltarle el brazo y dirigirse solo a Cristina.
—Cristina...
Apenas se acercó un poco más, Cristina dio un paso atrás, lo suficientemente discreto como para mantener una distancia socialmente aceptable, pero sin dejar de marcar el límite entre ambos.
Francisco, creyendo que ella se sentía celosa, se apresuró a aclarar:
—Ella es Salomé. Estos días se quedará en casa de la familia Jurado. Insistió en venir esta noche y, por la amistad entre los Rivas y los Jurado, no pude negarme. Así que la traje.
Pero Cristina no siguió la corriente y preguntó en seco:
—¿Y tú qué haces aquí?
El tono dejaba claro que no estaba contenta de verlo.
El semblante de Francisco perdió color en un segundo.
—Este es un momento importante para mi prometida. ¿Cómo iba a faltar?
—Todavía no te recuperas y tu memoria sigue siendo un enredo. Mejor seguimos como antes, hasta que todo se aclare —comentó Cristina, con voz tranquila.
Dicho esto, se dio media vuelta, exhaló hondo para calmarse y se alejó.
Francisco levantó la mirada hacia la lámpara de cristal sobre su cabeza. “¿Así era antes entre nosotros? ¿En público, distantes y, en privado, cariñosos?” Apenas imaginó la escena, una sensación incómoda le recorrió la piel...
...
Ángela, que necesitaba ir al baño a retocarse el maquillaje, jaló a Cristina para que la acompañara.
Salomé se pegó a ellas de inmediato.
Según la información que había obtenido, Cristina y Ángela habían coincidido varias veces en el Hospital Santo Tomás. Sin embargo, no estaba segura de si alguna de ellas había sido quien dejó las muestras para el análisis de sangre.
Pero para Salomé, eso no era problema.
Su insistencia para que Francisco la trajera esta noche tenía un solo objetivo: conseguir un cabello de las dos.
Con eso, pensaba hacerse un análisis y descubrir, de una vez por todas, la verdad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Revancha de una Ex-Ama de Casa