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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 352

Cristina no pudo soportar las miradas de todos y se metió al elevador sin voltear atrás.

Durante el trayecto hacia abajo, un aire extraño fue llenando la cabina. Nadie soltó palabra. El silencio se volvió tan denso que casi podía sentirse en la piel.

En cuanto las puertas se abrieron, Cristina salió apresurada, caminando con paso rápido hasta su carro. Ángela la esperaba adentro.

Sin embargo, apenas Cristina llegó a su carro, un Ferrari se detuvo justo detrás de ella.

—Vámonos en mi carro —soltó Tobías con esa seguridad que le caracterizaba.

—Yo traigo mi carro, gracias.

Apenas terminó de decirlo, escuchó cómo el seguro central del suyo bajaba de golpe.

—Bueno… —Ángela asomó la cabeza por la ventana—, tampoco es como que necesite carro —y dicho eso, aceleró y se fue, dejándola plantada.

Tobías no pudo evitar reírse.

—Esa amiga tuya sí que sabe cuándo retirarse.

Cristina no tuvo más remedio que subirse al carro de Tobías, resignada.

...

Al llegar al departamento, Tobías no perdió el tiempo. Apenas entraron, la atrajo hacia sí y la besó con intensidad. El ambiente cambió de inmediato, y en un abrir y cerrar de ojos, ya estaban en el sofá.

Cristina quedó atrapada bajo su cuerpo, sin poder moverse. Los besos de Tobías eran tan insistentes y ardientes, que parecía querer devorarla por completo. Su fuerza era imposible de resistir.

El cuerpo de Cristina se aflojaba poco a poco; la razón se le escapaba entre suspiros.

Pero justo cuando las manos de Tobías se colaban bajo su blusa y tocaban su cintura, Cristina recobró la lucidez de golpe. Lo empujó con firmeza y giró el rostro para que no la siguiera besando.

—¿Qué pasa? —preguntó Tobías, notando su resistencia repentina.

—¿Fuiste a Clarosol? ¿Qué tal salió todo?

Tobías la miró un instante, sabiendo perfectamente qué era lo que en realidad le preocupaba.

Se acercó y le dio un beso en la comisura de los labios.

—En este tipo de cosas, cada paso que das, cuenta como avance.

Cristina percibió lo complicado que estaba resultando todo.

—Hasta que no se aclare tu asunto, nadie debe enterarse de lo nuestro. Ni una palabra a extraños.

Tobías entornó los ojos.

—Hasta ahora, nada se me ha complicado. ¿Tan poca fe me tienes?

Cristina desvió la mirada.

Tobías colgó el teléfono, frunciendo el ceño mientras miraba por la ventana.

Salomé se estaba volviendo cada vez más difícil de manejar. Su gratitud parecía haberse distorsionado.

Cristina, al notar que Tobías se quedaba absorto, se levantó y se acomodó la ropa.

En otro tiempo, Octavio también desaparecía en cuanto Marisol lo llamaba. Cristina pensó que Tobías tampoco podía escapar a la “maldición de la llamada de la hermana”.

Con una media sonrisa sarcástica, se dirigió al baño y le lanzó por encima del hombro:

—Cuando te vayas, por favor, cierra bien la puerta.

...

Al salir de la ducha, Cristina percibió un delicioso aroma a arroz frito. Sorprendida, vio a Tobías en la cocina, enfundado en su delantal, ocupado entre sartenes.

El hombre, con su porte elegante, parecía de pronto un esposo dedicado, y esa imagen encendió algo en el corazón de Cristina.

Se acercó por detrás y lo abrazó por la cintura.

Tobías soltó una carcajada.

—¿Qué pasa? ¿Ya me extrañabas?

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