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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 378

—¿Ni tu cuñada Begoña está implicada? —Cristina lo miró de frente, sin parpadear.

—Fabio no tiene la capacidad para hacer algo así de limpio. Begoña pudo deshacerse de las mujeres que estaban cerca de mi hermano solo porque... nadie se tomó la molestia de investigar a fondo —respondió Tobías.

Cristina soltó una risa desdeñosa:

—Así que, al final, eres tú quien los encubre. Incluyendo a Salomé, que ahora vive en la mansión Jurado.

—Salomé es aún menos sospechosa —la voz de Tobías sonó tajante.

Cristina, irritada por la defensa incondicional de él hacia Salomé, apretó los labios y reviró:

—¿Pondrías tu vida como garantía?

Por fin, Tobías frunció el ceño y su tono se volvió más grave.

—Entiendo que quieras encontrar al culpable cuanto antes, pero no porque Octavio te haya dicho algo vas a perder la cabeza y sospechar de todos. Si confiaras tanto en él, ¿por qué te divorciaste entonces?

Al escuchar eso, Cristina bajó la mirada. Por un instante, una sombra de dolor y de burla cruzó su rostro.

—Sí, soy desconfiada, me cuesta ver las cosas claras. ¿Cómo podría compararme con la hija de la familia Rivas, que llevas guardando en tu corazón desde hace tantos años? Hasta te casarías con su recuerdo, así que, por supuesto, cualquier cosa que tenga que ver con su familia la vas a proteger a toda costa. ¿Y yo qué? Apenas si nos conocemos desde hace unas semanas, no tengo ni punto de comparación.

Las palabras de Cristina fueron como una puñalada en el orgullo de Tobías.

El hombre endureció el gesto y su voz retumbó, cortante:

—¡Cristina, no debiste decir eso! ¡Ni pensarlo!

Cristina lanzó una carcajada sarcástica:

—¿Te quedaste sin palabras porque le atiné? ¿O qué?

Un silencio tenso invadió el carro, volviendo el ambiente casi irrespirable.

Tobías se quedó callado, el rostro rígido. Cristina giró hacia la ventana, ignorándolo.

El silencio oprimía a todos. Saúl, que conducía, tenía las manos empapadas en sudor.

Justo entonces, llegaron a la puerta de Dinámica Suprema.

Cristina abrió la puerta y bajó sin mirar atrás.

Tobías seguía con el ceño fruncido, mirando el vacío hasta que la figura de Cristina desapareció por completo en la entrada de la empresa. No dijo ni una palabra.

...

En la mansión Jurado.

Lidia arrastró a los tres perros hasta la puerta trasera, atándolos con una cuerda, y se marchó sin mirar atrás.

Los tres estaban con las costillas fracturadas; Fabio era el peor, hasta la mandíbula se le había salido de lugar.

Begoña ordenó que los llevaran al hospital, temblando de rabia en el jardín.

—¡Muy bien, Cristina! ¡Te atreviste a desafiarme! Si piensas que ganaste esta vez, estás muy equivocada. ¿De verdad crees que vas a poner a ese bastardo de tu lado para enfrentarme? ¡Ja! Tarde o temprano te voy a quitar del camino.

—Señora, baje la voz —le susurró la vieja nana al ver que Salomé se acercaba.

Begoña respiró hondo, forzando los músculos de la cara, lista para fingir su sonrisa de siempre.

Pero Salomé, que se aproximó con paso firme, clavó la mirada justo en el rastro de furia que aún no alcanzaba a disimularse en el rostro de Begoña.

—Veo que a usted tampoco le agrada la señorita Pérez, señora Jurado. Pero... solo lanzar amenazas a escondidas no va a sacar la espina que tiene clavada.

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