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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 380

—Buenas tardes, señor Jurado.

Cristina se sentó con cautela frente a él, cuidando cada movimiento.

—Ahora eres la “prometida” de mi hijo, no tienes por qué ser tan formal —comentó Gustavo. Aunque su voz sonaba tranquila, había en ella una autoridad que no admitía réplica.

Cristina asintió con respeto.

—Francisco me ha ayudado mucho, solo quiero...

Gustavo levantó la mano, indicándole con un gesto que no hacía falta que siguiera.

—Eso ya lo sé. Hoy en día son pocos los que saben ser agradecidos como tú.

—Lo único que busco es estar en paz con mi conciencia —murmuró Cristina.

Gustavo deslizó hacia ella una taza de café humeante, y en sus ojos se adivinaba una admiración genuina.

—Mi esposa tiene un carácter impulsivo. Durante años la he consentido demasiado, y por eso ahora a veces se le va la mano. Quiero disculparme en su nombre. Siento que esa noche te haya tocado pasar un mal rato.

Cristina no pudo ocultar la sorpresa. ¿Así que había pedido verla solo para disculparse por Begoña?

Tomó la taza entre las manos, pero no bebió.

—En realidad, también debería disculparme con la señora Jurado —contestó, bajando la mirada—. Esa noche me dejó encerrada en el privado con Alfredo, y tuve que buscar la forma de salir del apuro. Nunca imaginé que él se atrevería a tanto, ni que terminaría agrediendo a la señora Jurado.

Gustavo sonrió con una expresión que daba a entender que ya sabía todo eso de antemano.

—Cuando uno está en apuros, es natural buscar la mejor manera de protegerse. No hay nada que reprocharte. Después hablé seriamente con ella. Es bueno que sepas cuidarte sola. Pero la familia Jurado te debe una disculpa y yo quiero compensarte personalmente.

—No me ha pasado nada grave, no tiene por qué...

Cristina intentó rechazar el ofrecimiento, pero Gustavo sacó con calma dos entradas pequeñas y elegantes, y las dejó sobre la mesa.

—No es dinero ni nada material, no te preocupes. Son solo dos boletos para una obra de teatro, este jueves en la noche. Me pareció que podría gustarte.

Cristina se quedó mirando los boletos, con el corazón acelerado, aunque en su rostro mantenía la serenidad.

—El señor Jurado estaba preocupado de que, tras lo de la señora Jurado, yo pudiera tenerte alguna mala espina. Y además... nos consiguió boletos para una obra de teatro, para que vayamos juntos y despejemos la mente.

Gracias a esa respuesta, Gustavo recuperó la compostura.

Francisco miró a su padre con gratitud.

—Gracias, papá. Si tú intercedes, Cristi seguro me va a perdonar. Cristi...

Le tomó la mano con ternura.

—Mira, hasta mi papá está de acuerdo en que vivamos juntos. Regresa a la mansión Jurado, así podré verte todos los días.

Gustavo posó la mirada en el rostro aparentemente sereno de Cristina, aunque él sabía que tras esa fachada se escondía un huracán de emociones. En el fondo de sus ojos brilló un interés aún más profundo.

Acabó su taza de café de un solo trago y, con un tono decidido, sentenció:

—Francisco tiene razón. No hay por qué esperar más. Hoy mismo deberías mudarte “de regreso”.

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