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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 392

Cristina escuchó por primera vez el secreto de la familia Jurado y no pudo evitar quedarse perpleja.

—¿Y tu papá…?

—Gracias a un experimento exitoso, pero accidental, realizado por el papá de la esposa de mi maestro, terminé convirtiéndome en un simple repuesto. Si a mi hermano mayor le sucedía algo, solo entonces podría yo heredar la familia Jurado. Con un arreglo así, era inevitable que hubiera distancia entre hermanos. Por eso desde pequeño me criaron en Clarosol, lejos de él. Ahora que Francisco ya es mayor de edad, para la familia Jurado ya no tengo ninguna utilidad.

Cristina jamás habría imaginado que Tobías, a quien todos veían como el triunfador absoluto, había sido siempre considerado un reemplazo descartable.

Eso también explicaba por qué, al volver a Valenciora, él prefería quedarse en el Hotel Puesta de Sol en vez de regresar a la casa de la familia Jurado.

De repente, Cristina comprendió por qué la familia Jurado le mostraba tanto respeto a la familia Rivas. Si el destino de la herencia estaba en sus manos, tenían que agachar la cabeza.

Se giró y abrazó a Tobías por el cuello.

—Pero tú has sabido vivir a tu manera. Eres el protagonista de tu propia historia, nunca fuiste el reemplazo de nadie.

Tobías la rodeó por la cintura y le dedicó una sonrisa tranquila.

—Ernesto Jurado nació de manera natural. Su mamá era genéticamente compatible con mi hermano, pero la vida no siempre da lo que uno espera. Así que no tienes que preocuparte, ya no tomes esas pastillas. Si algún día quieres tener un hijo…

—¿Quién dijo que quiero tener hijos? —Cristina lo soltó, se dio la vuelta y se metió en la cama—. Ya es muy tarde, tengo que dormir.

Detrás de ella, escuchó los pasos de Tobías alejándose.

Cristina dejó que en su rostro se dibujara una leve sonrisa. Ese día la había dejado agotada, pero al fin podía dormir tranquila.

Justo cuando estaba a punto de quedarse dormida, una corriente de aire fresco se coló en la cama.

Tobías, oliendo aún a jabón y a la frescura de su baño, la abrazó por la espalda.

—¿Ya olvidaste cómo terminaste en el hospital esta mañana? No te hagas la inocente…

Tobías soltó una risa baja, interrumpiéndola con suavidad.

—No te preocupes, solo quiero dormir abrazándote.

Cristina no supo qué decirle. No tenía palabras para él.

...

A mitad de la noche, Cristina se despertó de pronto por un dolor en el vientre. Hizo una mueca de incomodidad y trató de aguantar, pero enseguida sintió la mano cálida de Tobías sobre su abdomen.

—¿Te sientes mal aquí?

La voz del hombre sonaba adormilada, como si acabara de despertar.

Cristina asintió en silencio.

Él comenzó a masajearle el vientre con delicadeza. De pronto, un sonido leve se oyó bajo las cobijas.

—Mejor el fin de semana —respondió Cristina.

Francisco no dijo nada más.

Entraron juntos al comedor.

Gustavo Jurado aún no bajaba, pero Begoña ya estaba sentada desayunando.

El desayuno de los Jurado era relajado: no tenían que esperar a nadie para empezar a comer.

Cristina apenas se sentó, tomó un sorbo de atole y lo escupió enseguida.

Tenía la boca llena de arena.

Lanzó una mirada gélida a Begoña.

La mujer, con la cabeza en alto, le habló con tono altanero:

—Ya que entraste a la familia Jurado, tienes que seguir las reglas. De ahora en adelante, antes de las ocho de la noche debes estar en casa. Tienes que reportar cada día tu ropa y tus salidas con anticipación. Además, cada persona con la que te reúnas, sus nombres y teléfonos, todo debe constar en un informe diario que me entregarás cada noche…

Mientras hablaba, su mirada se deslizó con intención hacia el vientre de Cristina.

—…Y todos tus productos de higiene personal los tendrá Juana bajo resguardo. Solo podrás pedirlos conforme lo necesites y todo quedará registrado. Así, podremos saber de inmediato si llegas a estar embarazada.

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