En ese momento, Elián irrumpió desde la puerta y alcanzó a sujetar el cuerpo casi rígido de Francisco, acomodándolo rápido y con cuidado sobre el piso.
Después de revisar su respiración, Elián inició maniobras de reanimación cardiopulmonar sin perder un segundo.
—En mi carro tengo un desfibrilador, ¡alguien vaya por él!
Al escuchar eso, Cristina salió corriendo hacia el estacionamiento.
Por fin, tras unos minutos que parecieron eternos, el corazón y la respiración de Francisco recuperaron su ritmo. Seguía inconsciente, pero ya estaba estable cuando la ambulancia llegó.
Cristina subió con él y lo acompañó al hospital.
...
Al enterarse de que Francisco había sido llevado de emergencia, Ernesto, aún con el rostro lleno de moretones, llegó a toda prisa para acompañar a Cristina mientras esperaban los resultados del examen médico.
No tardaron en dar el diagnóstico: arritmia provocada por una reacción aguda al estrés, con pérdida breve de conciencia. El médico recomendó que Francisco permaneciera en observación por al menos veinticuatro horas.
Cuando la familia Jurado llegó al hospital, encontraron al doctor regañando a Cristina.
—Tú conoces bien su condición. Lo peor que puede pasarle es recibir un golpe emocional como una ruptura. Si vas a involucrarte en su tratamiento, tienes que tener toda la paciencia del mundo. Si no puedes, mejor mantente al margen desde el principio. Lo que menos necesita él ahora es seguir sufriendo sacudidas emocionales.
Apenas el médico terminó de hablar, Begoña se lanzó sobre Cristina como un vendaval.
—¡Siempre supe que no venías con buenas intenciones! ¿Quieres acabar con la familia Jurado para siempre?
Mientras decía esto, levantó la mano y la dejó caer con furia.
En ese instante, dos figuras se movieron al mismo tiempo.
Tobías, que ya se había acercado, le pasó el brazo por la cintura a Cristina y la llevó fuera del alcance de Begoña con un solo movimiento rápido y preciso.
Al mismo tiempo, Ernesto se interpuso delante de Cristina.
—¡Paf!—
El golpe cargado de rabia impactó con fuerza en el codo que Ernesto alzó para protegerse.
Seguramente el golpe cayó justo sobre uno de los moretones, porque Ernesto soltó un quejido ahogado pero no se movió de su sitio.
Entonces, desde la habitación, se oyó la voz apagada de Francisco:
—Mamá, por favor no molestes a Cristi. Ya aclaramos todo.
Todos se precipitaron al cuarto.
Cristina, recordando lo agresiva que podía ser Begoña, aminoró el paso a propósito para poner distancia entre ambas.
Pero Tobías, como si adivinara lo que pensaba, se adelantó lo suficiente para interponerse entre Cristina y la mirada fulminante de Begoña, que estaba a punto de girarse para lanzarle otra de sus miradas llenas de veneno.
Con ese gesto, sencillo pero firme, Tobías creó un espacio seguro y momentáneo para Cristina, bloqueando la hostilidad de la otra mujer. Lo hizo con tal naturalidad que casi nadie lo notó.
Sin embargo, esa escena no pasó desapercibida para Betina, quien había llegado con Begoña y no había dejado de observar todo con distancia.
¿Tobías, atento a los sentimientos de una mujer? ¿Cuándo había sido él así de detallista o protector con alguien?
Entonces, una idea clara y contundente cruzó por su mente: esos dos tienen algo. ¡Definitivamente aquí hay algo raro!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Revancha de una Ex-Ama de Casa