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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 421

Begoña, entre lágrimas, apretó la mano de su hijo.

—Por culpa de esa mujer, estuviste a punto de irte al otro mundo otra vez...

Gustavo, incómodo por sus palabras tan agoreras, intervino de inmediato.

—Francisco solo está así por ahora, no es para tanto.

Betina, que hasta entonces no había dicho palabra, dejó de mirar a Tobías y habló con una voz aparentemente amable, aunque calculada.

—La verdad es que entiendo por qué la señora Jurado está tan alterada. La señorita Pérez siempre anda rodeada de hombres, nunca deja de meterse en líos, y aunque es la prometida de Francisco, ni siquiera duermen en el mismo cuarto...

Tobías la interrumpió con calma, sin apuro.

—¿No te mandé de vuelta a Clarosol? ¿Acaso hay algo tan urgente aquí que tengas que dejar tus pendientes para venir a meterte en esto?

Betina titubeó apenas un instante, pero enseguida se recompuso.

—Todavía me falta terminar los estudios de un paciente. Tengo que quedarme a esperar los resultados. Tal vez lo ubiques, es amigo de la señorita Pérez.

Tobías arqueó una ceja.

—¿Y por qué crees que yo tendría que conocer a todos los amigos de la señorita Pérez?

Betina se quedó sin palabras, tragando saliva.

Tobías, entonces, ya no dio más rodeos.

—Si te quedaste con algún otro interés, mejor vete.

La familia Rivas no era alguien a quien desairar. Gustavo, notando la tensión, se apresuró a suavizar el ambiente.

—Tobías, la señorita Rivas se queda por motivos de trabajo, no podemos tratar mal a una invitada.

Incluso Begoña intervino.

—Debemos respetar la carrera de la señorita Rivas. Si quiere quedarse a pasar las fiestas, es bienvenida.

Cristina miró a Begoña, sorprendida.

Antes, Begoña siempre decía que una mujer decente debía quedarse en casa cuidando a la familia, y ahora resulta que había que respetar la vida profesional de las mujeres.

Así que sus reglas anticuadas solo las aplicaba cuando le convenía.

Cristina sonrió de lado, con ironía.

Cristina captó de inmediato que Begoña pretendía recordarle que le debía la vida a Francisco.

Dejó el celular sobre la mesa y contestó con una indiferencia helada.

—Vaya que sabe acomodar las cosas a su favor, señora Jurado. Pero su hijo es su hijo, y usted es usted. De ahora en adelante, le pido que no se meta en mis asuntos. Si no, no tengo ningún problema en mostrarle a todo el mundo qué clase de persona es en verdad la señora de la familia Jurado.

Después, Cristina dirigió una mirada hacia Francisco, que seguía en la cama.

—Cuando trabajo, no tengo paciencia y tampoco sé tratar a la gente. Así que, por favor, no vuelvas a buscarme en el hospital.

Sin esperar respuesta, dio media vuelta y salió del cuarto.

Francisco frunció el ceño y se apresuró a preguntar:

—En un rato me dan de alta, ¿vas a volver esta noche?

—Hijo...

Begoña quiso intervenir, pero Francisco la fulminó con la mirada y ella se calló de inmediato.

Cristina ni siquiera volteó. Su figura desapareció por la puerta del hospital, sin dar respuesta.

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