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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 428

El beso de Tobías fue más una reprimenda que una caricia.

Los labios de Cristina ardieron por el roce, y ella trató de apartarlo con fuerza.

Tobías mordió su labio inferior, ni muy suave ni tan rudo, y solo entonces se separó un poco. Sin embargo, seguía acorralándola entre la puerta y su cuerpo.

—¿Te divierte vender a tu esposo? —preguntó con voz baja.

Cristina lo empujó de nuevo.

—No solo tomaste, también abrazaste a dos mujeres. Mejor mantente lejos de mí.

Tobías aflojó la corbata con una mano, su voz sin mostrar emoción alguna.

—¿No era eso lo que buscabas? Ponerme en bandeja para otras, ¿no es justo lo que querías?

Cristina giró el rostro, evitando su mirada.

—¿No era lo que tú querías? Yo solo te di el gusto, ¿qué culpa tengo?

Al notar que ella de verdad estaba molesta, Tobías alzó las cejas, curioso.

—¿De qué hablas?

—Con solo una llamada de Betina, ya estabas en la cena de Begoña. No digas que no podías zafarte, tú fuiste porque quisiste.

Las palabras de Cristina lo hicieron soltar una risa ronca, casi oscura.

—¿Por eso me empujaste con Silvia?

Cristina desvió la vista.

—La primera vez que discutimos, pasé la noche en tu sala y no volviste.

El silencio llenó el aire, tan denso que solo se oían ambas respiraciones.

—Eso... —Tobías aclaró la garganta—. Fue mi error. Si alguna vez no vuelvo en la noche, te aviso antes.

Cristina apretó los labios, dudando.

—Si es algo privado, mejor ni me digas. No me interesa saber.

Tobías sonrió, la atrajo hacia él y la rodeó con los brazos.

—Si alguien de verdad quiere engañar, nada lo detiene. Pero si en el corazón solo hay una persona, es imposible fallar, ni cuenta te das y ya te estás cuidando. Es algo natural.

Lo que decía tenía sentido.

—Señor Jurado, estos días que he estado en la mansión, me quedó claro que usted y su esposa son gente de bien. No le diré nada al abuelo. Al final, la familia está por encima de todo, y para mí, aquí termina el asunto.

Gustavo sonrió con aprobación.

—Betina, sabes lo que importa, eres sensata y responsable. Isacio te ha educado bien, eres toda una dama.

Cristina escuchaba aquellas palabras tan “cordiales” entre los dos, y una lágrima le cruzó la mejilla dejando una huella de ironía.

Begoña, como de costumbre, seguía encerrada en su habitación. Aunque la noche anterior, Cristina sí escuchó cómo ella y Gustavo discutían a gritos. Las cosas se pusieron tan intensas que por un momento pensó en levantarse y escuchar más, pero Tobías no se lo permitió, deteniéndola con firmeza en la cama...

Tenía que quedarse a trabajar horas extra, así que Cristina guardó sus pensamientos, terminó de desayunar en silencio y se levantó para irse.

—¡Cristi! —Francisco la detuvo—. Esta noche, vuelve temprano para la cena familiar. Tengo... un regalo para ti.

Cristina no respondió, simplemente se marchó.

La indiferencia de ella hizo que Francisco apretara los puños, molesto. Volteó hacia las empleadas del hogar.

—Vayan ahora y lleven todas las cosas de la señorita Pérez a mi habitación.

Tobías sintió un ligero escalofrío, sin poder evitarlo.

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