Entrar Via

La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 470

—¡Esta casa lleva el apellido Jurado, ni se te ocurra!

Gustavo protegió a Ivana, colocándola detrás de él y mirando a Begoña con ferocidad.

Fabio se rascó la cabeza y le dijo a Begoña con dificultad:

—Señora, esto… tengo que obedecer al señor Jurado.

Begoña lo miró con incredulidad.

—¡Eres de mi familia, de los Muñoz, cómo puedes obedecerlo a él!

Gustavo soltó una risa fría.

—Dejarte salir fue un error. Será mejor que te comportes hasta que se tramite el divorcio.

Esas palabras destrozaron la poca cordura que le quedaba a Begoña. Se echó a llorar sin control.

—¡Gustavo, no eres humano! ¡Cuando tú no podías tener hijos, fui yo la que sufrió el tormento de la fecundación in vitro para darte un hijo! Y ahora me tratas así…

En ese momento, el monitor cardíaco junto a la cama de Francisco emitió una alarma estridente.

La voz de Begoña se cortó de golpe.

Tras un instante de desconcierto, corrió hacia la cama de su hijo.

—Francisco, ¿qué te pasa? Francisco…

Lo llamaba con desesperación, pero el rostro de Francisco se había vuelto repentinamente azulado y mostraba signos de dificultad para respirar.

—¡Un médico! ¿Dónde está el médico? —gritó Gustavo, alarmado.

Begoña se quedó paralizada. En su afán por trasladar el equipo del hospital, se había olvidado de contratar a un médico o enfermero profesional para cuidar de su hijo.

En ese momento crítico, una figura esbelta apareció silenciosamente al otro lado de la cama.

Ivana examinó rápidamente el estado de Francisco y su rostro se ensombreció.

—Tiene las vías respiratorias obstruidas por flema. Hay que succionarla de inmediato o se asfixiará.

Dicho esto, recorrió la habitación con la mirada y vio un maletín médico en un rincón.

Se acercó rápidamente, lo abrió y sacó una botella de suero fisiológico y una sonda urinaria fina y blanda, aún en su empaque.

—No hay tiempo para esperar a un médico. Hay que aspirarle la flema ahora mismo.

Begoña se quedó en shock.

—No, quiero estar con mi hijo.

Gustavo no miró a Begoña mientras la arrastraban, sino que se dirigió a Ivana con gratitud:

—Gracias, no sabía que sabías hacer estas cosas.

Ivana se limpió lentamente las manos con una toallita húmeda, una pizca de tristeza perfectamente calculada en su mirada.

—Para cuidar bien de mi padre, saqué el título de enfermera, pero aun así se fue tan rápido.

Conmovido, Gustavo le tomó la mano.

—Ivana, eres demasiado buena. Francisco no puede quedarse solo, y solo confío en ti. Quédate y ayúdame a cuidarlo, ¿quieres?

—Pero…

Ivana bajó la mirada, ocultando la profunda satisfacción en sus ojos.

«¿El plan de Cristina está a punto de funcionar? ¿Tan fácilmente?».

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Revancha de una Ex-Ama de Casa