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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 471

Begoña, que no se había alejado mucho, al oírlo, gritó fuera de control:

—¡No lo permitiré! ¡No permitiré que esa zorra se mude a la casa de los Jurado, no lo permitiré!

Fabio sacó rápidamente un trozo de cinta adhesiva y, con un chasquido, se la pegó en la boca, acelerando el paso para arrastrarla fuera.

—Te quedarás porque yo te lo pido. Familiarízate con el lugar lo antes posible y cuida bien de Francisco.

Gustavo no le dio a Ivana la oportunidad de replicar. Dicho esto, se dio la vuelta y se fue.

Al llegar al salón, se encontró con Román, que volvía de la calle.

Román lo saludó con naturalidad, como si no supiera nada.

Pero Gustavo, con rostro severo, fue directo al grano.

—El divorcio con tu hermana es un hecho. En cuanto a la familia Muñoz… puedo darles una pequeña compensación, pero a partir de ahora, no es necesario que mantengamos el contacto.

A Román le tembló una comisura de los labios, pero logró forzar una sonrisa.

—Cuñado, no hay necesidad de llevar las cosas a este extremo, ¿verdad? Esos proyectos que tienes en Clarosol se pueden reiniciar perfectamente, siempre y cuando el dinero llegue…

Hizo un gesto con los dedos, refiriéndose al dinero.

Por supuesto, no se refería a la financiación para los proyectos.

Gustavo soltó una risa fría.

—¿Crees que voy a dejar que sigan manipulando los intereses de la empresa?

De repente, su sonrisa se desvaneció.

—Tecnología Prisma no se someterá a nadie.

Dicho esto, salió sin mirar atrás.

Román se quedó de pie, rechinando los dientes en silencio.

No solo no había cumplido su misión, sino que además la familia Muñoz había perdido a la familia Jurado como su gallina de los huevos de oro. Se sentía frustrado y furioso.

No podía quedarse con las manos vacías. Tenía que averiguar de una vez por todas si Cristina era o no de la familia Rivas.

Sin embargo, en un enfrentamiento directo, no era rival para Tobías…

***

Cristina descansó dos días en casa. La costra de la herida en su frente ya se había formado, así que regresó a trabajar a Dinámica Suprema.

Las operaciones de la empresa habían vuelto a la normalidad. Gracias a la eficiente coordinación de Elián, el laboratorio también había sido restaurado y el progreso de la investigación no se había visto afectado por el accidente.

—Esta vez, de verdad, solo quiero hablar sinceramente con usted, señorita Pérez. Como muestra de mi buena fe, puede traer a su guardaespaldas. Solo pido la oportunidad de explicarle las cosas cara a cara.

Su actitud, una mezcla de retirada estratégica y avance, despertó en Cristina la curiosidad por ver hasta qué punto podía llegar su descaro.

Una sonrisa muy leve, casi imperceptible, apareció en el rostro de Cristina.

—De acuerdo, que así sea.

Román eligió una casa de té de estilo cantonés.

El reservado tenía ventanas.

Lidia lo inspeccionó todo y, tras confirmar que el lugar era seguro, Cristina entró.

Luego, Lidia fue a revisar los alrededores de la casa de té.

Román, personalmente, le sirvió una taza de té Pu-erh añejo.

—Señorita Pérez, vayamos al grano. El profesor Adam Rivas es un experto en chips de talla mundial. Antes de su accidente hace catorce años, era el director de varios laboratorios clave del país. La familia Rivas no solo tiene una posición preeminente en el mundo académico, sino que sus conexiones en los círuclos políticos y empresariales son insondables.

Se inclinó ligeramente hacia adelante, bajando la voz, pero con un poder de persuasión innegable.

—El avance tecnológico clave de EcoEnergía, la empresa de Tobías, no habría sido posible sin el apoyo de la familia Rivas en el campo de los chips y la ciencia de los materiales. ¿Cuántos peces gordos de Clarosol no darían lo que fuera por establecer una conexión con los Rivas, sin éxito? Si usted fuera la heredera desaparecida de la familia Rivas, su valor sería incalculable.

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