—Dinámica Suprema tiene su propio camino, no quiero forzar las cosas —dijo Cristina con un tono tranquilo pero firme—. Si la familia Anaya no tiene una base sólida en la industria y solo se apoya en el poder, me niego a colaborar.
Hubo un silencio al otro lado de la línea.
Cristina suavizó su tono:
—Entiendo que quieres darle una sorpresa a Angie cuando despierte. Pero sigo prefiriendo que Dinámica Suprema avance paso a paso.
—De acuerdo, lo rechazaré.
Dicho esto, Elián colgó.
—¿Clarosol, la familia Anaya? —preguntó Lidia, que estaba a su lado.
—¿Los conoces? —la miró Cristina.
La mirada de Lidia se desvió hacia el techo. Parpadeó, con una expresión algo extraña.
—Eh… el señor Jurado seguramente sabe más. Le oí a Saúl mencionar una vez que, aunque el señor Castillo y el señor Jurado no se llevan bien ahora, en su momento el señor Castillo también apoyó al señor Jurado.
Cristina guardó silencio, sin hacer más preguntas. Ambas salieron juntas.
Por la tarde, recibió una llamada de Marco.
Cristina contestó, pero la voz que escuchó fue la de Octavio.
—Sé que no quieres verme, pero te aseguro que lo que te voy a mostrar te va a interesar —dijo él.
Cristina arqueó una ceja.
—¿Qué descubriste ahora? ¿Quieres negociar?
—¿Te gustaría saber para quién trabaja Román?
Los delgados dedos de Cristina tamborilearon sobre la carcasa del celular.
—De acuerdo, mándame la hora y la dirección.
Hubo una pausa al otro lado.
—Primero sácame de tu lista de bloqueados.
Cristina no respondió y colgó.
Cinco minutos después, Octavio le envió la hora y el lugar de la reunión.
Al final, añadió una frase: «Si no encuentras el lugar, paso por ti».
Cristina no le contestó.
***
Por la noche, en el Club del Arte Vivo.
—Que tenga curiosidad por lo que averiguaste no significa que haya aceptado colaborar contigo.
—Cristi, de verdad quiero ayudarte.
—No lo parece.
Octavio apretó los labios.
—Te hiciste famosa de la noche a la mañana en la cumbre de almacenamiento de energía, y me alegro mucho por ti. Pero tener fama no es lo mismo que tener influencia. Ya que no quieres depender de mí para hacer crecer Dinámica Suprema, deberías tomar otro atajo.
La mirada de Cristina era profunda, cada gesto y sonrisa parecían esconder un significado.
—¿Ah, sí? ¿Y cuál sería ese atajo?
Octavio bajó la voz.
—El señor Castillo admira enormemente tu talento. Los recursos que él maneja superan con creces los de Tobías. Si estás dispuesta a colaborar con él, en el futuro serás la líder indiscutible del sector de energía renovable en el país.
Cristina lo miró fijamente, y en sus ojos fue apareciendo una comprensión total de la situación.
—Entonces, ¿cuál es tu relación con ese tal Castillo?
Apenas terminó de hablar, cuatro hombres de traje negro y aspecto imponente la rodearon en silencio.
***

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