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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 502

En ese instante, Hilario finalmente confirmó que había sido engañado por esa mocosa.

Tobías no dijo más. Tomó el abrigo de Cristina que estaba colgado en la silla y, llevándola de la mano, se dirigió directamente al elevador.

Justo cuando estaban a punto de entrar, la voz de Hilario volvió a sonar.

—Tobías, las facciones de tu esposa se parecen bastante a las de la señora Rivas.

Tobías no detuvo su paso. Entró con Cristina al elevador y solo entonces se dio la vuelta para enfrentar la mirada escrutadora de Hilario.

—Cada vez que envío muestras a Clarosol para su análisis, me temo que los resultados de comparación que usted obtiene son incluso más precisos que el informe que yo recibo, ¿no es así?

Dicho esto, presionó el botón para bajar.

Los labios de Hilario se apretaron de repente, y las palabras que quería decir se quedaron atoradas en su garganta.

Así que ya lo sabía, simplemente no había dicho nada.

***

Dentro del elevador, Cristina intentó retirar su mano, pero Tobías la sujetó con más fuerza.

No fue hasta que el elevador se abrió de nuevo que la familiar vista de la cafetería apareció ante ellos.

Salieron juntos. Tenían que cruzar el vestíbulo para llegar a los elevadores públicos que los llevarían a la planta baja.

En ese momento, Cristina se dio cuenta de que Octavio no se había ido.

Estaba de pie junto a una mesa, al parecer, esperándola.

—Suéltame un momento, tengo que decirle un par de cosas.

Tobías acarició el dorso de su mano con los dedos antes de soltarla.

Cristina se acercó a Octavio. Justo cuando él iba a hablar, un sonido seco resonó en el aire.

¡Paf!

Una bofetada, limpia y contundente, aterrizó en la mejilla de Octavio.

Tras decir eso, Cristina se dirigió hacia los elevadores públicos.

Tobías la siguió de cerca.

Al pasar junto a Octavio, no se olvidó de lanzarle una mirada cargada de significado.

Octavio rechinó los dientes, se aflojó la corbata, sintiendo una furia contenida que no tenía dónde desahogar.

***

Abajo, en el Club del Arte Vivo, un Ferrari estaba estacionado al pie de las escaleras, con Saúl esperando en el asiento del conductor.

Cristina salió por la puerta principal. Al sentir la brisa nocturna, recordó algo de repente y se dio la vuelta para regresar.

Tobías, que caminaba detrás de ella, estaba a punto de ponerle el abrigo sobre los hombros.

Su giro fue tan brusco e inesperado que chocó contra él, abrigo y todo, cayendo en sus brazos.

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