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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 51

Jamás imaginó que Octavio elegiría el Residencial Bahía Platina como el lugar para pasar tiempo juntos con Marisol. Siempre pensó que, si ellos dos iban a vivir su romance descaradamente, lo harían fuera, lejos de todo. Pero claro, con ella como tapadera, podían vivir sin preocuparse por las miradas ajenas, como si nada les importara.

Bajo la mirada seria de Octavio, Cristina se obligó a calmarse y bajó la vista, tratando de disimular su enojo.

—Esta es tu casa. Puedes invitar a quien quieras, no tienes que preguntarme.

Su voz sonaba tranquila, pero en cada palabra se sentía lo que en verdad pensaba: estaba molesta.

Marisol se sentía sumamente incómoda. Apenas iba a decir algo, pero Octavio se adelantó.

—Marisol, siéntate. Le voy a pedir a Cristina que te traiga un poco de agua.

Sin darle tiempo de reaccionar, la tomó del brazo y la llevó a la cocina.

—¿Pensaste bien en lo que te dije anoche?

—No me opuse a que se quedara, ¿no es eso lo que querías?

Cristina se giró hacia el fregadero y se sirvió un vaso de agua. Su actitud, tan serena como si nada pasara, era justo lo que más inquietaba a Octavio.

Él la abrazó por detrás.

—Anoche, Marisol fue atacada en su departamento. Por suerte, el guardaespaldas reaccionó rápido y solo se lastimó la mano. Ella solo estará aquí un tiempo, en lo que Julieta sale bien de la operación. Después se irá.

Cristina bebió un sorbo.

—¿De verdad crees que Julieta va a operarse tan pronto? Si quiere que su hija se quede, seguro va a retrasar la cirugía.

Octavio frunció el ceño.

—¿Insinúas que está fingiendo estar enferma?

Cristina sonrió de lado.

—Yo no he dicho eso.

No tenía interés en discutir ni en pelear por asuntos que ya daban igual. Solo quería el divorcio, y no pensaba enredarse en otras cosas.

—Cristi, Marisol solo me ve como su hermano, no está aquí para meterse entre nosotros. Fue idea mía que se quedara, lo hablamos anoche, pensé que ya lo habías entendido.

Cristina dejó el vaso sobre la mesa.

—¿Entonces crees que la odio y que quiero hacerle daño?

Octavio parpadeó, sorprendido por la pregunta.

—No, claro que no.

Ella sonrió con los labios apretados y volvió a servirse agua.

...

—Hermano...

No se supo desde cuándo, pero Marisol ya estaba parada en la puerta de la cocina.

Al notar su presencia, Octavio soltó a Cristina casi por reflejo.

—Mejor me voy a un hotel, ¿sí? Dudo mucho que esos tipos se atrevan a buscarme allá.

Octavio se acercó y la miró con seriedad.

—Claro, es solo agua de limón a temperatura ambiente. El vapor es solo decoración. Como no se puede quemar con eso, ¿por qué no mejor se preocupan por el peligro de una congelación?

Cristina soltó la frase con sarcasmo, los dejó solos y subió las escaleras.

Marisol sintió un vacío en el estómago.

Octavio, siempre tan atento, era difícil saber si ahora empezaría a sospechar de ella.

Lo que jamás imaginó fue que Cristina le daría agua a temperatura ambiente. Su fachada perfecta se vino abajo por culpa de un simple vaso de agua. Había sido descuidada.

—Hermano, yo... —Marisol murmuró, tanteando el terreno.

—La habitación de huéspedes está lista. Ve a descansar.

El tono de Octavio dejó claro que ya no estaba de buen humor.

...

Esa noche, Cristina durmió en la recámara principal, Marisol en la de visitas y Octavio siguió en el estudio.

Marisol no pegó el ojo en toda la noche, dando vueltas sin descanso.

A la mañana siguiente, fue a tocar la puerta del cuarto principal.

Cristina abrió, apenas vestida con pijama, con el cabello alborotado. Obviamente acababa de despertar.

Marisol miró adentro, buscando a Octavio, pero no lo vio. ¿Acaso llevaban tiempo durmiendo separados?

—¿Qué necesitas? —preguntó Cristina, cortando en seco sus pensamientos.

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