Al ver el sudor frío en su frente, supo que había estado aguantando todo el tiempo.
—¿Te duele? —preguntó mientras lo ayudaba a volver a la habitación.
Tobías sonrió.
—Si a mi esposa le duele verme así, entonces ya no me duele.
—Ya vas a empezar con tus cursilerías —dijo Cristina conteniendo la risa.
Viendo las espaldas de ambos alejarse, Betina, con lágrimas en los ojos, se aferró al brazo de su madre.
—Mamá, yo no hice nada...
La señora Rivas le secó las lágrimas y no dijo nada más sobre reclamar, solo dijo con dolor:
—Ve a que un médico te revise.
Betina se sorprendió en secreto. No solo nadie iba a defenderla, sino que su madre ni siquiera respondió a los insultos.
¿Quién era realmente Cristina?
Los ojos de Betina se oscurecieron imperceptiblemente y asintió con docilidad.
Madre e hija se dirigieron al consultorio.
Pasaron junto a Elián.
Elián le lanzó una mirada fulminante a Betina.
—Te tengo en la mira.
A pesar de que durante el rescate de Ángela no vio que Betina hiciera nada malo, Elián simplemente creía en Cristina.
Si Cristina aseguraba que Betina tenía algo que ver, entonces seguro estaba involucrada.
Betina se asustó y, bajo su mirada hostil, se aferró más al brazo de la señora Rivas y aceleró el paso.
La señora Rivas notó su extrañeza y le dio palmaditas en la mano.
—Tranquila, mamá está aquí.
***
De vuelta en la habitación, Tobías fue obligado a ponerse la bata de hospital y acostarse boca abajo.
El médico volvió a tratarle la herida y suspiró:
—Si no se hubiera ido sin permiso, ya tendría costra.
Al escuchar esto, Cristina le dijo de inmediato a Lidia:
—Ve a conseguir una cadena de hierro bien resistente, de esas que puedan amarrarlo firmemente a la cama.


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