El abuelo se veía mucho mejor; en unos días más, podría salir del hospital.
La antigua casa de la familia Gutiérrez había sido demolida, lo que afectó bastante el ánimo del abuelo.
Cristina pasó un rato platicando con él para animarlo y, justo cuando se disponía a irse, le entró una llamada de Octavio.
—¿Dónde estás?
—En el hospital, vine a ver al abuelo —contestó, sin rodeos.
—El doctor Emilio, ese viejo especialista que te conseguí, ya regresó. Quédate en el hospital, Marco lo va a llevar contigo.
Cristina respondió con un tono distante:
—Gracias.
Del otro lado, Octavio guardó silencio un par de segundos. Luego, volvió a insistir:
—El doctor Emilio solo atiende a cinco pacientes al día, conseguir una cita con él está cañón. No te vayas a ir por ahí, espéralo.
En el fondo, Octavio temía que ella se pusiera terca y se negara a atenderse. Pero Cristina nunca había descuidado su salud.
Sin decir nada más, Cristina colgó.
Ivana, que estaba con ella, no pudo evitar ponerse de parte de Octavio.
—Con ese carácter tuyo, solo porque a Octavio le gustas te aguanta. Si fuera otro, ya te habría mandado a volar. No sabes valorar lo que tienes.
Cristina, considerando al abuelo, decidió no contestar esa vez.
—¿Ya encontraste casa? Busca algo en una zona tranquila, ideal para adultos mayores —preguntó.
Ivana se puso pálida.
—Ya la encontré, está bien en todos los aspectos —murmuró, insegura.
El abuelo miró a Cristina, débil pero firme.
—Hija, ya te lo he dicho, no te andes preocupando por mí. No compres casa, mi salud no da para mucho más. Si acaso, renta un lugar, con eso basta.
Ivana no pudo evitar protestar.
—¿Y yo qué? ¿No piensas en mí?
—Emilio, aquí está la paciente que le agendaron. No le va a quitar mucho tiempo echarle un vistazo.
Marisol se puso frente a Emilio, bloqueándole el paso.
Era una mujer delgada, frágil a la vista; ni siquiera necesitaba exagerar la expresión para despertar compasión. Solo respiraba un poco agitada.
Sin embargo, Emilio ni se conmovió.
—Señorita Lozano, hoy ya he atendido a cinco pacientes. No voy a hacer una excepción. Si quieren, agenden otra cita.
Marco se apresuró a intervenir.
—Emilio, sus citas tienen lista de espera de más de dos meses. Estas dos son personas muy importantes para el señor Lozano. Además, ella ya está aquí, ¿qué le cuesta revisarla de una vez?
Emilio escuchó el nombre de Octavio pero no cedió; al contrario, se mostró incómodo.
—Dígale al señor Lozano que ya le pagué el favor que le debía. A la señora que acabo de revisar, no le veo ningún problema hormonal. Mi diagnóstico no coincide con el del hospital, así que no le recetaré nada.
Marco sintió que el mundo se le venía encima.
Cristina también entendió de inmediato: Marisol le había dado la cita que le correspondía a ella a Julieta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Revancha de una Ex-Ama de Casa