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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 593

La emoción en los ojos de Tobías se quebró y congeló al instante, convirtiéndose en un silencio profundo.

—Ella te pide que la lleves y tú la llevas. ¿En qué lugar me dejas a mí?

El secretario bajó la cabeza, reprimiendo una sonrisa, y dijo: —Es la señora, jefe. ¿Acaso sus órdenes no tienen mayor jerarquía que las suyas?

Era la primera vez que Tobías se quedaba sin argumentos para regañar a su secretario; le lanzó una mirada fulminante y se marchó.

Cristina estaba agotada física y mentalmente. Al salir del edificio de Tobías, le pidió a Lidia que la llevara al hotel.

Apenas había recuperado un poco de energía cuando Eduardo Amaya la llamó.

—Esta noche nos vamos a reunir algunos excompañeros a los que les ha ido bien en Clarosol. ¿Vienes?

—Yo...

Cristina iba a decir que no bebía y que prefería no ir.

Pero Eduardo la interrumpió: —Sé que vendrás. Hace años que no nos vemos, no está mal convivir un rato. Les avisaré a todos.

Colgó antes de que Cristina pudiera responder.

Ni un minuto después, le envió la hora y el lugar.

Cristina no sabía si reír o llorar.

Esperó toda la tarde una llamada de Tobías para ir al registro civil, pero nunca llegó.

Hubo un asunto en Dinámica Suprema, así que Cristina llegó al club privado una hora tarde.

Eduardo fue a recibirla personalmente a la entrada para llevarla al reservado.

Al abrir la puerta, vio a sus antiguos compañeros, vestidos impecablemente, divirtiéndose a lo grande.

A su alrededor había varios modelos, hombres y mujeres, con ropa de moda y maquillaje perfecto.

Al ver entrar a Cristina, la música ruidosa y las risas se detuvieron un momento; todos se acercaron a saludarla con entusiasmo.

Con la creciente fama de Dinámica Suprema, Cristina se había convertido en una celebridad entre sus compañeros.

Una antigua compañera, que siempre había sido muy animada, la jaló felizmente hacia el centro del sofá y comenzó a organizar todo.

—¡Dile al gerente que traiga a los mejores modelos para que la señorita Pérez elija!

El mesero usó su radio de inmediato para avisar al gerente.

—Eh... no es necesario, solo vine a platicar un rato.

Cristina tardó un buen rato en reaccionar.

Antes de que pudiera hablar, los otros modelos protestaron.

—Señor, en este negocio se vive de la juventud. A su edad, ¿viene a quitarnos el trabajo? ¿Le aguantará la cintura?

Tobías ignoró las burlas, apartó al gerente y se sentó directamente junto a Cristina.

—Señorita Pérez —dijo con una mirada profunda—, ¿no quiere contratar mis servicios?

Su expresión decía claramente que si ella se atrevía a decir «no», él se encargaría de ella ahí mismo.

Cristina se recompuso y finalmente le lanzó una mirada de aprobación al gerente, aceptando aquel «consumo» forzado.

Tobías sonrió levemente, pero su alegría no duró mucho; el siguiente juego la hizo pedazos.

Como Cristina no bebía, todos comenzaron a molestarlo a él.

Cristina era mala para los juegos de azar y los dados.

Perdía casi siempre, y los tragos de castigo terminaban, uno tras otro, en el estómago de Tobías.

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