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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 595

Isacio entró caminando con su bastón, seguido por un espiritista de aspecto esquelético.

Tobías entrecerró los ojos y, disimuladamente, dio un paso para colocarse frente a Cristina.

—Papá, ¿qué haces aquí? —preguntó la señora Rivas.

Isacio puso cara de dolor. —Salomé era mi alegría. Ahora que se fue, ¿este viejo jefe de familia no puede venir a verla?

La señora Rivas soltó un par de lágrimas al escucharlo.

Cristina soltó una risa burlona y desvió la mirada.

Pero el dedo huesudo de Isacio la señaló directamente.

—El maestro acaba de hacer una sesión espiritista. El alma de Salomé no descansa; llora lágrimas de sangre diciendo que esta mujer la orilló a la muerte. Su rencor llega al cielo y no puede trascender. ¡Ahora, solo tu sangre puede apaciguarla!

—Papá, esto es...

La señora Rivas frunció el ceño.

En la mansión Rivas nunca se habían prestado para esas cosas.

Iba a protestar, pero Betina la tomó del brazo y le aconsejó: —Mamá, has estado muy agobiada con el funeral de Salomé. Deja que el abuelo se encargue de esto.

La señora Rivas dudó, pero dejó que Betina la apartara a un lado.

Isacio alzó la barbilla. —Señor Domínguez, sáquele sangre. La que sea necesaria.

Benito Domínguez sacudió un plumero ceremonial y dijo con solemnidad fingida: —¡Que el espíritu descanse! La señorita Salomé tiene un rencor acumulado que podría convertirla en un espíritu maligno. Si no se calma pronto, traerá desgracia a la familia. Solo usando la sangre de la culpable para pintar un «talismán de disculpa» y quemarlo se podrá aplacar su ira.

Y sacó una aguja.

Cristina no estaba para aguantar tonterías y lanzó una patada.

Fue un golpe seco y directo. Benito salió volando y chocó contra la mesa del retrato de Salomé; el incensario y las ofrendas rodaron por el suelo con estrépito.

En ese momento, Benito, que ya se había acomodado el sombrero, se acercó a Isacio y le dijo: —Señor Rivas, el tiempo apremia. Si se pasa la hora, el rencor se solidificará y nadie podrá salvar a la familia Rivas.

Al oír esto, Isacio llamó a los guardaespaldas que estaban fuera de la sala.

—Entren y sometan a esta mujer.

—Isacio, aquí no acostumbramos estas supersticiones de rancho.

Tobías jaló a Cristina hacia sus brazos.

Con él protegiéndola, los guardaespaldas no se atrevieron a acercarse y miraron a Isacio esperando órdenes.

Isacio clavó la vista en Tobías, con los ojos casi saliéndosele de las órbitas.

—Tobías, no olvides que te casaste con la tablilla de mi nieta. Eres el yerno de la familia Rivas, no puedes ponerte del lado de extraños.

Tobías alzó levemente las cejas. —Yo defiendo lo correcto, no a los parientes. Se ha formado un grupo de investigación en la prisión para la muerte de Salomé; pronto les darán una respuesta. Si Isacio quiere usar brujería barata para lastimar gente en nombre de la venganza, no me voy a quedar mirando.

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