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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 608

Betina vio que su plan se iba al diablo e intentó remediarlo.

—¡Abuelo!

Iba a empujar al mesero, pero no contaba con que Cristina le metiera el pie discretamente.

Así que Betina salió volando hacia el viejo y los dos terminaron rodando por el suelo.

Tobías, en una fracción de segundo, jaló a Cristina hacia sus brazos para protegerla.

—¡En la madre...!

El cuerpo obeso de Isacio azotó contra el suelo, dándose un sentonazo de aquellos. Se agarró la cintura de inmediato, haciendo muecas de dolor.

—¡Papá! ¿Estás bien?

Laura corrió a revisarlo.

Eduardo levantó a Betina, quien también tenía manchas de sopa y se veía bastante maltratada.

Ella miró a Cristina con los ojos llenos de rencor.

—Tú... tú hiciste que me cayera y que el abuelo también se cayera.

Antes de que Cristina pudiera hablar, Tobías alzó una ceja y la miró.

—Desde la entrada hasta aquí, ella mantuvo su distancia contigo a propósito. Tú fuiste la que caminó mal y chocó con el mesero, ¿y ahora quieres echarle la culpa a ella? ¿Cuál es tu problema?

Betina no esperaba que Tobías defendiera a Cristina tan descaradamente frente a su padre.

—Papá...

Estaba a punto de decirle a Adam que Tobías había perdido el juicio desde que se casó.

Pero Adam la interrumpió con cara seria:

—Llamen a una ambulancia para llevar al abuelo al hospital. Los demás, seguimos cenando.

Isacio, en medio de su dolor: «¿?»

¿Eso era todo?

Adam se encontró con su mirada incrédula y explicó:

—Ya pagué el anticipo y no hay devoluciones. Usted vaya al hospital a tomar sus medicinas y nosotros comemos; no le veo el problema.

Isacio casi escupe sangre del coraje.

Laura trató de calmar al viejo:

—A veces se le va la onda, no le haga caso.

Finalmente, la ambulancia se llevó a Isacio y el restaurante prometió hacerles un 50% de descuento en la cuenta.

Como Betina se había ensuciado la ropa, pidió que le trajeran un cambio y Eduardo la acompañó a los vestidores para cambiarse.

Así que en el privado solo quedaron los esposos Rivas y los esposos Lozano.

—Eduardo, creo que se me cayó un arete en el pasillo, ve a buscarlo por favor.

—¿Cómo puedes ser tan descuidada? Tus padres están esperando, date prisa.

Aunque Eduardo la regañó, fue a buscar el arete.

Betina tomó de inmediato el celular que él había dejado en la mesa.

Las parejas suelen tener fotos privadas en sus celulares como prueba de su amor.

Ella buscó rápidamente en su propio teléfono una foto de Eduardo, una toma individual bastante subida de tono, y la envió al celular de Eduardo. Luego, usando el celular de él, reenvió la foto a Cristina y finalmente borró el registro.

Así, nadie sospecharía nada.

Cristina estaba comiendo su postre cuando sonó su celular.

Al ver que era Eduardo, abrió el mensaje con naturalidad.

El resultado fue una foto de un «simio desnudo» que agredió sus retinas de forma espantosa.

Sintió como si le hubieran picado los ojos y salió de la imagen de inmediato.

¿Eduardo estaba enfermo o qué?

—¿Qué pasa?

La mirada de Tobías cayó sobre el teléfono y preguntó.

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