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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 93

Sin embargo, justo cuando Octavio tomó su brazo, el celular empezó a sonar.

La soltó de inmediato y se alejó unos pasos para contestar.

Apenas respondió, la voz de Elián explotó al otro lado de la línea.

—Octavio, tu esposa está siendo tratada como sirvienta por tu madrastra, la mandaron en plena noche, bajo la lluvia, a comprar tamales y ahora tiene fiebre alta. Si quieres ser tan buen hijo y nieto, ven tú mismo a atenderla. ¿O quieres que te ponga un altar por ser tan devoto? ¿De veras te gusta ser un pelele y encima guardar las apariencias?

Octavio colgó la llamada sin cambiar de expresión, caminó hacia las escaleras, pero al segundo se detuvo y regresó.

Sin siquiera mirar a Marisol, que seguía parada en la puerta de la habitación, entró al dormitorio principal y sacó con cuidado un conjunto de ropa de Cristina, doblándolo y guardándolo en una bolsa.

Al salir, se topó con Marisol justo en la entrada. Solo entonces la miró.

—Tú estudiaste en Aalborg, ¿verdad? Seguro tomaste clases de etiqueta, ¿o no?

—¿Qué dices? —preguntó Marisol, sin entender nada.

—Aunque no hayas tomado clases, deberías saber que no se entra al dormitorio de los dueños así como así. Si necesitas algo, habla con Marco. Ahora regresa a tu cuarto.

Luego de esquivarla, alcanzó a decir, girándose sobre sus pasos:

—Y llévate la pijama que usaste, Cristina no querrá ponérsela después de que alguien más la usó.

A él le gustaba esa pijama, pero solo cuando la llevaba Cristina. Ahora sentía que era una lástima.

Sin mirar atrás, se fue.

Marisol apretó el borde de encaje de la pijama con los dedos helados.

...

Urgencias. Sala de hospital.

Cristina había dormitado un rato. Su fiebre ya no era tan alta, pero el cuerpo seguía sin fuerzas.

Elián le sirvió un vaso de agua y estaba a punto de acercárselo cuando Óscar entró con dos frascos de glucosa.

—Ahora necesita energía rápida. Es mejor darle glucosa —dijo Óscar.

Pero Elián no estuvo de acuerdo.

—Con fiebre y deshidratada, lo básico es el agua, no la glucosa.

Óscar no cedió ni un poco.

Óscar y Elián entendieron la indirecta y salieron de la habitación, dejándolos solos.

El bullicio del pasillo contrastaba con el silencio que ahora reinaba en el cuarto.

Octavio dejó la ropa limpia al pie de la cama y se sentó junto a ella.

No pasó mucho antes de que su celular volviera a sonar. Esta vez era Sebastían.

—¿Qué le pasó ahora a tu esposa? La mandé a comprar tamales y lleva horas sin aparecer...

—Son las tres de la mañana. Afuera hay viento y llueve a cántaros. ¿Por qué no le llevaste tú los tamales a tu esposa con todo tu cariño? —la voz de Octavio sonó tranquila pero dura.

Sebastían se quedó sin palabras, claramente incómodo. Trató de cambiar de tema.

—De todos modos, ella ni siquiera quería cuidar a mi esposa. ¿Cómo iba yo a saber si se haría la floja o si iba a dejar todo tirado...?

—Está con fiebre alta. Ahora mismo está en el hospital. ¿Quieres venir a verla?

Octavio lo interrumpió con calma.

Sebastían se quedó sin argumentos. Murmuró un par de frases ininteligibles y colgó.

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