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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 168

Fabio se quedó helado por un segundo. Sus ojos brillaron intensamente y, al mirar a Mila, su habitual expresión pícara fue reemplazada por una sinceridad que rara vez mostraba.

Era la primera vez en su vida que alguien le decía algo así.

Durante años, lo único que había escuchado eran los insultos y humillaciones de su suegro, y hasta su propia esposa lo miraba por encima del hombro.

Hubo un tiempo en que tuvo grandes ambiciones, pero el juego sucio de las oficinas lo terminó destrozando. Desilusionado, había decidido vegetar en Recursos Humanos, convirtiéndose en el típico cuarentón conformista que solo esperaba el fin de mes.

¿Pero ahora, su jefa lo estaba elogiando de verdad?

—Señorita Mila... le juro que no la decepcionaré —Fabio borró cualquier rastro de burla de su rostro, adoptando una expresión de total seriedad.

Mila asintió levemente y posó su mirada en Yara.

—Tú lo hiciste muy bien. Eres valiente, no tienes miedo de ensuciarte las manos y llevas fuego en la sangre. No te dejas pisotear por los que se creen superiores.

—De ahora en adelante, las tareas que te asigne requerirán que te muevas entre la gente de poder. Hoy quiero que te vayas familiarizando con lo que llaman 'la alta sociedad', para que veas lo podrida que está el agua de este pantano.

El brillo en los ojos de Yara se intensificó y enderezó la espalda con orgullo.

—¡Señorita Mila, yo tampoco voy a defraudarla!

Mila torció los labios en una media sonrisa, girándose hacia la profundidad del salón, y murmuró con tono misterioso:

—Andando. El verdadero espectáculo está por comenzar.

Justo cuando Mila puso un pie en el salón principal, en un rincón apartado y en penumbras, dos figuras esbeltas no perdían detalle de la escena.

—Nuno, esta esposa tuya... es cosa seria —Julián se frotó la barbilla, chasqueando la lengua—. Con esa entrada, sentí que hasta el mismísimo Nicolás Quiroz quedó reducido a polvo frente a ella.

Nuno tenía las manos hundidas en los bolsillos. Sus ojos afilados estaban entrecerrados, y las sombras que proyectaban las luces sobre su atractivo rostro hacían imposible descifrar si estaba complacido o furioso.

—Lástima, pensé que hoy tendrías la oportunidad de jugar al príncipe azul rescatando a la damisela en apuros. Pero resulta que a tu mujer le gusta brillar sola; entró y arrasó con todos desde el minuto cero.

La descripción de Julián era molesta, pero dolorosamente exacta.

—Vámonos —suspiró Nuno en voz baja, preparándose para avanzar.

—Oye, ¿cuál es la prisa? Por cierto, todavía tienes un pase extra en la invitación. ¿Y si metemos a alguien más?

—Lárgate.

Nuno escupió la palabra como un témpano de hielo. Julián encogió los hombros y lo siguió, resignado. Dos hombres maduros entrando juntos a un evento de este tipo era algo raro; a Julián le habría encantado traer a alguna chica, pero el jefe se lo había prohibido terminantemente.

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