¡Pfff!
A pocos metros de distancia, Julián, que acababa de darle un sorbo a su copa de champán, casi escupe todo el líquido en medio de la sala al escuchar eso.
—Ejem... Nuno, parece que la amiguita de tu esposa te está haciendo buena campaña —Julián levantó las cejas con picardía, notando rápidamente que el ceño fruncido de Nuno se había relajado un poco.
—Ya que la familia Centeno está pasando por un momento delicado con tanta lucha de poder, ¿por qué no mueves un par de hilos y ayudas a la niña a quedarse con el trono?
Los labios de Nuno se curvaron en una media sonrisa casi imperceptible mientras hacía girar el líquido dorado de su copa.
—Yo no me meto en asuntos que no me importan.
Julián puso los ojos en blanco con exageración.
¡Por favor! ¿Todo lo que había hecho por Mila últimamente era "no meterse"? ¡Si casi le resolvía la vida entera!
Mientras tanto, al otro lado del salón.
Víctor Centeno se movía como pez en el agua, atendiendo a los invitados con una diplomacia impecable. Sus modales pulidos y su elocuencia despertaban halagos por donde pasaba. Varios murmuraban por lo bajo que él era el único candidato verdaderamente preparado para heredar el imperio Centeno.
Luna escuchaba los halagos que flotaban en el aire, y al mirar la figura imponente de Víctor, la ambición comenzó a crecer en su pecho como maleza.
Tomó aire, se alisó el vestido, tomó una copa de champán de una bandeja y, armándose con su mejor sonrisa de niña buena, caminó hacia él con elegancia.
—Joven Víctor, ¿me permitiría brindar con usted? —Luna sonreía con coquetería. Su maquillaje impecable resplandecía bajo la luz de los candelabros, y hasta los hombres que acompañaban a Víctor no pudieron evitar mirarla con interés.
Víctor le dedicó una mirada gélida y asintió con una cortesía distante.
—Señorita Luna, le ofrezco una disculpa, pero no bebo alcohol.
La sonrisa de Luna se congeló, y la copa que mantenía suspendida en el aire pareció, de pronto, ridícula e innecesaria.
Eso no era una cuestión de no beber alcohol; era un muro de hielo para mantenerla alejada.
Luna sintió de inmediato la mirada de Don Nicolás clavada en su nuca desde el otro lado de la sala. Si el anciano se daba cuenta de que su relación con Víctor no era ni la mitad de cercana de lo que le había prometido, comenzaría a sospechar de todo.
—Joven Víctor, al final del día, fue la familia Quiroz la que salvó la vida de Don Máximo. Compartir una copa no es mucho pedir, ¿o me equivoco?
El tono de Luna cambió, destilando veneno envuelto en miel. Aunque Mila había sido la responsable de traer al médico, Luna estaba decidida a retorcer la narrativa para que el mérito recayera sobre el apellido "Quiroz".
Víctor frunció el ceño. Dudó un instante, pero finalmente tomó una copa de champán de la bandeja de un mesero.
—Señorita Luna, le sugiero que no se haga ilusiones que no van a cumplirse —advirtió en voz baja—. Hay cosas que no le pertenecen, y por más que intente manipular la situación, será tiempo perdido.

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