En ese instante, Ángela, la mánager, se acercó a paso rápido sobre sus tacones, con el rostro iluminado por una euforia que no podía ocultar.
—Elías, ya me pasaron el reporte de ganancias de esta noche... Pasamos los cien millones.
—¡¿Cuánto?! —Elías dio un salto en el sofá, abriendo los ojos de par en par.
—Cien millones.
—¡Jajajaja! ¡Esto es una locura! —Elías saltó de emoción y dio un puñetazo al aire, como si ya tuviera en sus manos las llaves de varias mansiones y autos deportivos.
—De todas ellas, la que más soltó billete fue Paola Páez. Solo ella gastó veinte millones —dijo Ángela, revisando su tablet—. Luego están Sonia, Rebeca y un par más que dejaron casi diez millones cada una.
Elías entrecerró los ojos y esbozó una sonrisa cargada de malicia.
—Se nota que Paola es la heredera de los Páez, le sobra el dinero. Creo que a partir de ahora me voy a enfocar en mantenerla bien consentida. A las demás... solo las mantendré interesadas con la distancia justa.
Apenas terminó de hablar, el celular sobre la mesa vibró. En la pantalla brillaba el nombre de "Paolita".
Elías alzó una ceja, tomó una respiración profunda, acomodó su expresión para que se viera como el hombre más enamorado del universo, y contestó la llamada.
—¿Qué pasó, mi reina?
Su tono meloso y profundo hizo que Paola, del otro lado de la línea, sintiera que se derretía de amor, con el corazón latiendo a mil por hora.
—Elías... hoy tenía todo listo para celebrarte tu cumpleaños en el Club Mar de Cristal, pero... —la voz de Paola se quebró un poco— mi papá me castigó y no me deja salir de casa.
—Qué lástima, preciosa —la voz de Elías bajó de tono, sonando extremadamente triste y decepcionado, aunque en su rostro lucía una sonrisa de inmenso alivio—. Mi amor, si tu papá dio la orden, no puedes desobedecerlo.
Hizo una pequeña pausa y continuó, con un tono aún más sincero:
—No quiero que te pelees con mi futuro suegro por mi culpa. Me rompería el corazón saber que estás mal.
Al escuchar la palabra "suegro", los ojos de Paola brillaron. Esa sola palabra fue suficiente para borrar toda su amargura.
¿Eso significaba que Elías ya estaba planeando casarse con ella?
—Elías, yo...
—Amor, perdóname, pero el equipo ya me está apurando para ir a la cena de celebración. Tengo que dejarte —Elías, sin ganas de escuchar sus dramas, cortó directo al grano—. Por cierto, me dijiste que reservaste una sala en el Club Mar de Cristal, ¿verdad?
—Sí, pero...

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