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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 179

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—Don Máximo, ya que la señorita está aquí presente, ¿por qué no le pedimos a la señorita de la familia Quiroz que suba y nos salude? —sugirió alguien del público en voz alta.

Al escuchar esa propuesta, Luna fulminó al sujeto con una mirada asesina, deseando hacerlo pedazos allí mismo.

De todas las estupideces que podía pedir, ¡¿tenía que pedir que se presentara?! ¿Acaso no era eso obligarla a cavar su propia tumba y esperar a que la furia de su abuelo la redujera a cenizas?

—Me parece una excelente idea —asintió Máximo, con una sonrisa, aceptando la sugerencia sin pestañear.

—Entonces, pido un aplauso para que suba la hija mayor de los Quiroz a saludar a todos.

Nicolás Quiroz pasó por alto por completo el título específico de 'hija mayor'. En su cabeza, asumió automáticamente que se refería a Luna, por lo que su mirada cargada de orgullo paternal se posó sobre ella.

—Ve, Luna, sube. Demuéstrale a toda la élite de esta ciudad lo que vales.

—...

Luna estaba roja como un tomate, ardiendo de ansiedad, y el sudor frío le empapaba la espalda. Miró de reojo a Mila, solo para encontrarla observándola con una sonrisa cínica, como si mirara a un insecto patético luchando por no ser aplastado.

Esta mujer... ¿estaba esperando a ver cómo se destruía su reputación frente a toda la alta sociedad?

—¡¿Luna?! —exclamó Nicolás, frunciendo el ceño. Sus ojos antes llenos de orgullo se volvieron fríos, proyectando una presión aplastante.

—Abuelo, yo... —Luna se mordió el labio hasta casi sacarse sangre y, reuniendo el poco valor que le quedaba, comenzó a caminar.

Si lograba subir al escenario primero y plantarse frente a todos, Mila no se atrevería a exponerla por respeto a la autoridad de don Nicolás y al prestigio de la familia.

Aferrándose a esa absurda esperanza, lo arriesgó todo y se colocó justo al lado de Mónica, forzando la sonrisa más impecable que pudo.

Sin embargo, en el instante en que puso un pie en el escenario, el aire pareció congelarse.

Los rostros de Mónica y Máximo cambiaron drásticamente. Su cortesía se desvaneció, reemplazada por un profundo asco, clavando miradas afiladas sobre Luna.

—¡¿Qué demonios haces aquí arriba?! —espetó Mónica, con el rostro endurecido, sin molestarse en ocultar su repulsión.

El corazón de Luna se encogió. Presa del pánico, intentó sonreír para suavizar las cosas, y dijo con voz temblorosa:

—Señorita Mónica, mi hermana no podía subir, así que yo...

—¡Lárgate de aquí!

Mónica no le dio ni un segundo para excusarse. Su grito helado resonó en todo el salón.

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