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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 25

—¡¿Don Nuno?!

Al distinguir la silueta imponente y fría que se erguía en lo alto de las escaleras, como un rey emergiendo de la noche, la furia en el rostro de Don Carlos se congeló al instante.

Y en apenas un segundo, esa agresividad se derritió como nieve sobre brasas, transformándose en una sonrisa casi servil, mientras inclinaba el cuerpo de forma involuntaria.

—¡D-Don Nuno! ¡Qué honor, qué gran honor! S-Su visita a este humilde lugar es una bendición... ¿P-Por qué no me avisó con anticipación?

La mirada de Nuno atravesó la multitud petrificada y se posó directamente en Mila y en Katia, a quien ella sostenía.

En el fondo de aquellos ojos insondables, un destello casi imperceptible cruzó como una sombra en aguas tranquilas. Y entonces, su voz, fría y serena, rompió el silencio.

—Vine a recoger a mi prometida.

Lo dijo con una calma absoluta, como si estuviera declarando un hecho irrefutable.

Una chispa de entendimiento brilló en los ojos de Mila. Sus finos dedos soltaron sutilmente la pantalla del celular, cancelando la llamada que apenas empezaba a conectar.

Vaya, vaya... así que el temible Don Nuno también quería participar en el juego.

—¡¿P-Prometida?!

Don Carlos sintió que una mano de hielo le estrujaba el corazón. ¡El cuero cabelludo le picaba de puro terror!

Miró con pánico a Mila y a la chica que sostenía.

¡Esa mujer... esa que acababa de noquear a varios de sus hombres y ahora lo miraba con una tranquilidad pasmosa... era la prometida de Don Nuno!

El sudor frío lo bañó por completo, pegando su camisa de seda fina a su espalda.

Sí, él, Carlos Mendoza, era el rey indiscutible de esas calles.

¡Pero Don Nuno, el mismísimo Nuno Páez, era el amo absoluto de todo Valle Plateado!

¡Estaba a años luz de su nivel!

—Don Nuno, llega justo a tiempo —murmuró Mila, con una sonrisa juguetona asomándose en sus labios. Avanzó un par de pasos, sosteniendo a Katia, y cruzó su mirada con la de Nuno sin una gota de temor—. Creí que con su famosa fobia a las mujeres nunca vendría a recogerme personalmente. Al parecer, esos rumores no hacen más que confundir a la gente.

—¡¡Mila!! ¡¿Te volviste loca?! —chilló Ariel, con el alma cayéndosele a los pies del pánico.

Saltó como si tuviera fuego en los talones, desesperado por taparle esa boca suicida.

Ofender a Don Carlos era una cosa, tal vez saldría vivo a medias, pero provocar a Don Nuno, un hombre conocido por su crueldad y desprecio hacia las mujeres... ¡eso significaría la aniquilación total de la familia Quiroz en Valle Plateado!

Capítulo 25 1

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